Contribución al XVII Seminario Comunista Internacional

La clase obrera, su rol y su misión actual.
Las tareas y las experiencias concretas del Partido Comunista en la clase obrera y en el sindicato

Bruselas, 16 - 18 de mayo del 2008

www.icsbrussels.org , ics@icsbrussels.org


La clase obrera, su rol y su misión actual. Sindicato y partido de clase en el proceso revolucionario de México y América Latina

Partido Popular Socialista de México

 

Queridos camaradas:

Ésta es la primera ocasión que el Partido Popular Socialista de México hace acto de presencia físicamente en este seminario que convoca y organiza el Partido del Trabajo de Bélgica, aunque en ocasiones previas hemos enviado mensajes de salutación y alguna vez o dos, nuestras ponencias. Estimamos justo, en consecuencia, dejar constancia de que valoramos como un honor para nuestra organización compartir con los partidos hermanos presentes y habituales este espacio de reflexión colectiva y fraternal.

En lo personal asimismo considero una distinción que me haya tocado exponer las ideas y opiniones que mi partido preparó para esta ocasión, acordes con el temario del seminario, y que presento a ustedes a continuación:

1. El rol y la misión actual de la clase obrera y su partido

El Partido Popular Socialista de México sustenta que hoy como ayer, desde que se entronizó el sistema capitalista, la clase obrera es la clase revolucionaria por excelencia, cuya misión histórica es la de enterrar a ese sistema oprobioso, borrarlo de la faz de la Tierra y sustituirlo por el nuevo régimen superior en el que se supere para siempre la vieja querella entre unos hombres y otros, y entre el hombre y la naturaleza, el régimen socialista y comunista.

No comparte la idea que presentan algunos autores y organizaciones, que dicen que los cambios que se han producido en la economía y en la composición de la sociedad han privado a la clase obrera de su papel histórico; tampoco el aserto de que han surgido "nuevos" actores en la lucha social y política que la privan de esa función.

El PPS de México sustenta asimismo que hoy como ayer, corresponde al partido político de la clase obrera la tarea y la responsabilidad de educar políticamente y organizar a su clase social para que pueda cumplir su misión histórica. Toca al partido la misión de concebir, planear, trazar la estrategia y la táctica y dirigir la lucha revolucionaria para la toma del poder y para la consumación del proceso de transición a la nueva sociedad.

2. Partido y sindicatos ayer y hoy en América Latina

La discusión sobre cómo debemos actuar los comunistas en el frente sindical tiene una larga y rica historia, y también una rica base teórica de sustentación. El PPS de México valora que el surgimiento de la Federación Sindical Mundial, FSM, el 3 de octubre de 1945, constituyó un momento cimero del sindicalismo revolucionario, porque su composición unitaria concretó en el ámbito planetario el principio fundamental planteado por Marx en su "Instrucción sobre diversos problemas a los delegados del Consejo Central Provisional" de agosto de 1866, previa al Congreso de la Primera Internacional que se celebró en Ginebra, del 3 al 8 de septiembre de en 1866, en el sentido de que "La única fuerza social de los obreros está en su número. Pero la fuerza numérica se reduce a la nada por la desunión". La composición unitaria de la FSM concretó asimismo la idea de Lenin, de que el deber de los comunistas es actuar en las organizaciones donde estén las masas; el propio Lenin, siempre es útil recordarlo, calificó como "absurda, ridícula y pueril" la opinión de "que los comunistas no pueden ni deben actuar en los sindicatos reaccionarios", que desde entonces pregonaban los sectarios. La FSM logró aglutinar a la gran mayoría de las centrales sindicales del mundo, respetando la diversidad de concepciones con respecto al universo, a la vida y a posiciones partidistas y, a la vez, su praxis fortaleció el contenido de clase –de lucha contra la burguesía- que deben tener los sindicatos.

Al sindicalismo latinoamericano le cabe el alto honor de haber sido precursor, en el terreno de las ideas y de la práctica, del surgimiento de la FSM, y autor de otros logros. Siete años antes, en 1938, forjó la Confederación de Trabajadores de América Latina, CTAL, –en septiembre de este año se cumplirán 70 de tan importante victoria obrera- que aglutinó a muy diversas corrientes sindicales de la región, y a cuyo impulso se fue construyendo la unidad sindical en la mayoría de los países nuestros.

La CTAL, en efecto, se propuso desde su fundación luchar por la unidad del movimiento sindical en el mundo. E hizo otro aporte básico a la teoría y a la práctica, al postular y ejercitar la lucha antiimperialista y por el desarrollo independiente de nuestros pueblos como tarea fundamental del sindicalismo latinoamericano, en contraposición al economicismo. En este sentido, en su Acta Constitutiva asentó que "...la tarea principal de la clase trabajadora de la América Latina consiste en conseguir la plena autonomía económica y política de (nuestras) naciones... y en liquidar las supervivencias semifeudales que caracterizan a (estos) países, con el propósito de elevar las condiciones económicas y morales en que se hallan las grandes masas de sus pueblos". Esto no significa que en la CTAL se confundieran las funciones del sindicato y el partido de clase. Ya Vicente Lombardo Toledano, pensador y dirigente marxista –fundador de nuestro partido en 1948 y, años antes, fundador asimismo de la CTAL y cofundador de la FSM- planteó con toda claridad que "Los sindicatos no son partidos políticos ni deben realizar las funciones de los partidos, a los cuáles compete la educación política de los trabajadores a través de sus miembros pertenecientes a los sindicatos, así como la orientación de la vida política de sus respectivos países." Y agregó que "Los sindicatos no tienen como misión llegar al poder –tarea que corresponde a los partidos-, sino la de contribuir a la preparación de las masas que agrupan, a hacer posible la transformación de la sociedad bajo la dirección del partido político de la clase obrera." Pero también estableció que "En los países que luchan por su independencia nacional y en los que disfrutan de ella, pero están sometidos económicamente a las fuerzas del imperialismo, los sindicatos deben unir a sus demandas económicas y sociales la lucha por la independencia política nacional, o la lucha por la emancipación económica respecto del imperialismo."

Por eso, el PPS de México coincide con la Federación Sindical Mundial sobre la vigencia de las experiencias de la CTAL. La FSM, a este respecto, declaró hace apenas unas semanas que: "Los anhelos de los fundadores de la Confederación de Trabajadores de América Latina, constituyen hoy propósitos por los que, entre otros, lucha el movimiento sindical clasista en la región. En los principios de los estatutos de la CTAL acordaron inscribir:

"…. el régimen social que actualmente prevalece en la mayor parte de los países de la Tierra, debe ser sustituido por un régimen de justicia, basado en la abolición de la explotación del hombre por el hombre, en el sistema democrático como medio para gobernar los intereses de la comunidad humana, en el respeto a la autonomía económica y política de cada nación y en la solidaridad de todos los pueblos del mundo, proscribiendo para siempre la agresión armada como instrumento para resolver los conflictos internacionales y condenando la guerra de conquista como contraria a los intereses de la civilización…"

3. La clase obrera y su partido, su accionar en el contexto clasista latinoamericano

Nuestro partido valora las enormes diferencias que existen entre América Latina y otras regiones, como Europa, en cuando a desarrollo histórico, que se reflejan necesariamente en las características de las luchas revolucionarias en nuestros días. Parte de estas diferencias radica en que, en efecto, en América Latina, hay diversas clases y segmentos de la población luchando contra las injusticias, no sólo los obreros y sus sindicatos clasistas. Además de éstos, luchan los indígenas, por ejemplo; hoy mismo desempeñan un rol muy significativo en los casos de Bolivia y Ecuador, en las derrotas infligidas a las oligarquías locales, subordinadas y sostenidas por el imperialismo; y consecuentemente en los pasos que se dan hacia la independencia y soberanía. Pero no sólo en estos dos países, sino en varios más.

Advertimos, sin embargo, que no hay que perder de vista que la lucha de los indígenas no es nueva, pues se han venido rebelando desde siglos atrás; de hecho, desde los mismos días de la invasión de los europeos, hace quinientos años; desde entonces, nunca han dejado de brotar levantamientos indígenas en unos y otros lugares del subcontinente. Y batallan con beligerancia las mujeres, sobre todo las de las clases sociales explotadas, como género discriminado y doblemente abusado. Lucha la juventud, poniendo en ello toda su energía, con sus demandas propias, y a veces enarbolando otras más generales de la sociedad. Luchan los campesinos pobres, exigiendo un trozo de tierra para cultivar, y condiciones al menos de sobrevivencia, a las que difícilmente pueden acceder, cada vez menos en nuestros países. Y numerosos sectores de la pequeña burguesía también luchan, porque el proceso de saqueo al que somete el imperialismo a nuestra región, muy agudizado en los últimos 25 años, les va arrebatando toda clase de beneficios y los amenaza con la proletarización; y hasta del lumpen también lucha.

Pero en nuestra opinión es equívoco llamar a todos éstos o a parte de ellos "nuevos" actores. No lo son. Los indígenas de América Latina, por ejemplo, llevan cinco centurias de lucha, como ya se dijo, desde el siglo XVI, en tanto que la clase obrera apareció después, apenas cuando el desarrollo histórico hizo posible la industrialización en algunos países de Europa, por lo que bien puede decirse que se trata de una clase social moderna; con más razón cuando se habla de nuestra región, cuya industrialización es tardía, incipiente e inconclusa hasta hoy. Por todo esto, nosotros afirmamos que todo ese amplio conjunto, al que algunos han llamado "nuevos" actores, más bien está conformado por actores "viejos" y curtidos, unos más que otros en su diversidad, en el ámbito de las luchas sociales.

En nuestros análisis hay otro elemento que destacamos como indispensable a considerar para entender la realidad latinoamericana y actuar en ella de un modo certero: el hecho de que esa amplia gama de grupos y segmentos de la población, distintos de la clase obrera pero que igual que ésta luchan contra las injusticias, no necesariamente comparten el objetivo de destruir al capitalismo para construir el socialismo, sino que son otros sus fines, como puede ser el reparto de la tierra; acceso a fertilizantes y a créditos; cambios a las leyes y a las prácticas que reconozcan la plena igualdad de la mujer; los derechos de los jóvenes a la educación, a la salud y al deporte; acabar con la discriminación, y una amplia variedad más. Como regla general todas son demandas justas, aunque algunas muy concretas y circunstanciales.

Tales grupos y segmentos luchan hoy, y lo han venido haciendo de mucho tiempo atrás, como resultado de las múltiples contradicciones que contienen las sociedades subordinadas por el imperialismo; sociedades como casi todas las de América Latina, en las que, como ya se dijo, no se dio la industrialización "a tiempo" ni se llegó jamás a constituir el sistema capitalista como resultado de las contradicciones internas, de sus procesos de afirmación, negación y negación de la negación, como en casi toda Europa, en Japón y en sólo dos países del extremo norte del continente americano. Sociedades, las nuestras, en las que de manera muy tardía se viene dando un capitalismo dependiente, deformado y yuxtapuesto a significativas supervivencias del modo feudal de producción, el que en muchos casos sigue siendo el modo de producción dominante, en todos aquéllos en los que todavía hoy no se ha hecho la reforma agraria o se ha hecho a medias, por lo que subsisten los grandes latifundios. Un capitalismo deforme y enclenque, a veces encimado hasta con supervivencias del esclavismo y aun de la comunidad primitiva.

La clase obrera y su partido, en el caso de México y América Latina hoy, opina el PPS de México, tienen que interactuar con todos estos actores sociales y no sólo con los sindicatos; tiene que ganar a todos –o a la mayoría- como aliados, elevar su conciencia, conseguir que perciban con claridad que ninguno de sus problemas particulares tiene remedio dentro del capitalismo dependiente que hoy existe, por lo que es imprescindible para todo este conjunto, amplio y heterogéneo, lograr nuestra segunda y definitiva independencia como naciones. Y en este punto es donde encuentran la clave de su unión dos elementos en apariencia disímbolos: el pensamiento marxista –como teoría general de la transformación de las sociedades humanas y como método de estudio de la realidad- y los ideales de Bolívar, Juárez, Martí y otros de nuestros próceres de hace un siglo, siglo y medio o dos, cuyos ideales, en la realidad de esta región, conservan su vigencia de acuerdo con lo arriba explicado.

Estimados camaradas: reiteramos y concluimos: el partido de la clase obrera en México y América Latina tiene hoy el desafío de convencer a todos los sectores en lucha, de que la solución de los problemas que cada uno percibe y enfrenta, necesariamente pasa por la liberación plena, económica y política respecto del imperialismo, sin derrotar al cual no podrá haber victorias significativas para nadie. Y tiene otro desafío: en el transcurso del proceso, ha de avanzar poco a poco, ganando a los grupos y sectores más susceptibles, como aliados para la fase más avanzada de la revolución, que vendrá inmediatamente después, sin que se de necesariamente una pausa entre ambas etapas: la fase de la revolución que se enfilará y marchará de manera franca hacia el socialismo y en la que ya no acompañarán a la clase obrera todos los que caminaron junto a ella en la primera etapa. Este es el proceso doblemente revolucionario en el que estamos inmersos en nuestra región.

Reiteramos nuestro saludo revolucionario y comunista a todos los partidos hermanos.

 

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

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Primer Secretario. Partido Popular Socialista de México

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