La clase obrera, su rol y su misión
actual.
Las tareas y las experiencias concretas
del Partido Comunista en la clase obrera y en el sindicato
Bruselas, 16 - 18 de mayo del 2008
www.icsbrussels.org , ics@icsbrussels.org
Sobre el trabajo de los comunistas en el movimiento obrero y sindical
Unión Proletaria, España
Por su papel productivo y por su condición de explotada, la clase obrera es la clase social más revolucionaria, la que está más interesada en superar el régimen capitalista, mediante la Revolución Socialista que nos permita construir una sociedad sin clases: el Comunismo.
Proletarios son todos aquellos que viven exclusivamente de la venta periódica de su fuerza de trabajo a los capitalistas a cambio de un salario. Su oposición a éstos hasta constituirse en clase ha sido demostrada teóricamente por C. Marx en su obra El Capital y prácticamente a lo largo de dos siglos de luchas de clases y de revoluciones. Pero la unidad de los obreros como clase no excluye la existencia de contradicciones entre ellos, que siempre son aprovechadas por los oportunistas burgueses y pequeño-burgueses para tratar de impedir que aquéllos cumplan su misión histórico-universal y, a cambio, utilizarlos como carne de cañón de las pugnas entre las clases poseedoras.
La nacionalidad es uno de esos factores de división que tanto perjudica la acción de clase dentro de los Estados multinacionales como es el español y, no digamos, entre los proletarios de los países ricos y los de los países expoliados por éstos, sobre todo cuando se encuentran en el mismo mercado laboral como consecuencia de la inmigración.
Asimismo, en la actualidad, muchos de los integrantes del proletariado, a menudo los más desfavorecidos en cuanto a derechos laborales, económicos y sociales, trabajan en el sector servicios (hostelería, comercio, etc.), aunque es frecuente que lo hagan en servicios auxiliares a la industria y que pertenecían a ella antes de que fueran segregados de la misma como empresas independientes. Estos trabajadores no producen bienes tangibles que son el soporte del valor y, por consiguiente, no les extraen plusvalía. Pero, como explica Marx en el Libro Tercero de El Capital, sirven a los burgueses para realizar ese valor y esa plusvalía en condiciones rentables para éstos, es decir, realizando un trabajo no remunerado, al igual que lo hacen los obreros industriales. A pesar de no producir bienes materiales, su trabajo es tan productivo como el de los que sí los producen, en el sentido de que contribuyen a la reproducción de las relaciones sociales capitalistas y, en particular, a la rentabilidad del capital no industrial.
El análisis de las contradicciones que se dan entre los proletarios pone de manifiesto, contrariamente a la opinión de los oportunistas, tanto de derechas como de "izquierdas", que la clase obrera no desaparece, sino que cambian en muchos casos, sus trabajos y condiciones laborales dentro de un régimen capitalista que los explota de una manera cada vez más salvaje para contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia.
La situación objetiva del movimiento obrero
Por lo tanto, incluso a estas alturas de la fase imperialista del capitalismo, la clase obrera no ha dejado de tener un interés objetivo por superar el sistema capitalista.
Sin embargo, no es esto lo que indican las apariencias. La mayoría de la población que forma la clase proletaria se muestra bastante sometida a la ideología burguesa y con poca voluntad revolucionaria. Incluso, en estos años de contra-ofensiva neoliberal del capital contra las conquistas obreras históricas, su resistencia económica es escasa y, desde luego, insuficiente para evitar el deterioro de sus condiciones de existencia.
Ciertamente, sus dirigentes y, a través de ellos, sus organizaciones –aquí, el PCE y CC.OO. particularmente- optaron por la colaboración con la burguesía desde los años 70, al menos. Con anterioridad a que se abatiera sobre el movimiento obrero la derrota momentánea del comunismo, con la derrota de una parte del denominado "socialismo real" y el debilitamiento del resto, en nuestro país las cúpulas sindicales de UGT y CC.OO. ya estaban inmersas en una política sindical de colaboración de clases que empezó a fraguarse claramente con la transición política de 1978, la cual supuso una traición a las expectativas de cambio que tenía principalmente el proletariado, así como sectores pequeñoburgueses (nacionalistas, republicanos, etc.). La situación del movimiento obrero empeoró drásticamente con la firma realizada poco antes de los Pactos de la Moncloa y más tarde de los pactos sociales, lo que supuso desde entonces una perdida creciente de derechos y, más tarde, una involución de los salarios reales. La causa decisiva y más grave de ello era la política de desmovilización que practicaba el PCE, cada vez más derechizado y degenerado políticamente, tras la renuncia formal al marxismo-leninismo, aprobada en su IX Congreso, que iba a equivaler a renegar no sólo de la revolución proletaria, sino también de la herencia republicana del partido. La dirección eurocomunista convirtió a una clase obrera pujante y luchadora en una masa apática y desmoralizada. La desnaturalización del PCE era parte del proceso de desplazamiento del marxismo-leninismo por el revisionismo moderno que sufrió el Movimiento Comunista Internacional a partir del XX Congreso de PCUS.
Pero, considerar al oportunismo y al revisionismo como la causa última de la involución social que experimentamos en las últimas décadas sería idealismo. En primer lugar, hay que reconocer que las masas obreras junto con los comunistas no estamos reaccionando con eficacia contra esta traición y, en segundo lugar, este reflujo del movimiento obrero tiene su origen en cambios económico-sociales importantes, producidos en el último medio siglo a escala internacional: las migraciones del campo a la ciudad en los años 1950-60, hoy continuadas de manera globalizada como migraciones desde los países oprimidos hasta las metrópolis imperialistas; la revolución en las fuerzas productivas conocida como "científico-técnica"; el desarrollo de las comunicaciones a escala de masas, desde el automóvil a la aviación comercial, desde la televisión a Internet, etc.; el cambio del modelo de acumulación del capital, obligado por la Crisis del Petróleo y posibilitado por la crisis del movimiento obrero, desde el "Estado de bienestar" keynesiano al neoliberalismo de las privatizaciones, las deslocalizaciones, las segregaciones, la precariedad-flexibilidad laboral, el "libre" movimiento de capitales para las potencias occidentales, etc.
A la larga, todos estos cambios resultarán favorables a la revolución, puesto que significan un aumento numérico de las filas proletarias y una reducción correlativa del campesinado y de la pequeña burguesía en general; y también significan una aún mayor socialización de las fuerzas productivas, con una elevación general del nivel cultural de los obreros y de los vínculos entre sí para manejarlas, lo que aumenta la capacidad de nuestra clase para ejercer la dirección de la sociedad.
Sin embargo, mientras se vienen produciendo tales cambios, dejan sentir primeramente sus consecuencias negativas, aunque pasajeras: los "nuevos reclutas" traen consigo prejuicios pequeñoburgueses y rebajan la conciencia media de la clase obrera, lo que ha agravado el daño que causó a nuestro movimiento la sangría de millones de los mejores comunistas a causa del fascismo, de la Segunda Guerra Mundial y de la lucha anti-colonial; asimismo, una parte importante de estos nuevos reclutas desplazan de la dirección del movimiento obrero al núcleo industrial tradicional del proletariado en razón de su mayor cultura técnica, resultando la conciencia de clase, forjada en muchas décadas de duras luchas, desplazada a su vez en favor de los valores individualistas e intelectualistas que les ha inculcado el sistema educativo burgués. La crisis económica estructural de los años 70, los cierres de empresas industriales tradicionales, los despidos masivos y, por último, la ofensiva neoliberal han acabado de sustituir en la conciencia de amplias masas obreras la esperanza colectiva del socialismo por el "sálvese quien pueda" de la jungla capitalista.
El factor subjetivo en el movimiento obrero
He aquí la causa última de la pujanza del oportunismo y del revisionismo en el movimiento obrero internacional, incluida la victoria temporal de la contrarrevolución en los antiguos países socialistas. Claro que las leyes objetivas del régimen económico burgués siguen rigiendo y produciendo la polarización de la sociedad en dos clases enfrentadas, cada vez más despejada de esas apariencias de identidad de intereses (Estado de bienestar) que tanto alimentan las ilusiones reformistas en el movimiento obrero. Una vez llegados a esta situación, el cambio de tendencia a favor de una reactivación de la causa revolucionaria depende del desarrollo de la lucha de clases del proletariado en los tres frentes –el económico, el político y el teórico-, y esto, además, a sabiendas de que los cambios sociales mencionados acabarán favoreciéndonos necesariamente. No es propio de marxistas esperar a que esto ocurra: sería rebajar el materialismo dialéctico a vulgar materialismo burgués, como hizo la socialdemocracia. A los marxistas, nos corresponde impulsar la lucha de clases. Si bien el oportunismo fue causado por condiciones objetivas, en la medida en que los efectos de éstas se invierten tendiendo a la revolución, es nuestro deber combatir prioritariamente al oportunismo como obstáculo que se alza contra tal tendencia.
En general, Lenin nos enseñó que, en la época del imperialismo, la aristocracia obrera corrompida por éste y aliada a él constituye un estable y poderoso partido burgués en el seno del movimiento obrero. Constituir entonces un partido político con los obreros de vanguardia, con los obreros revolucionarios, es indispensable si queremos derrotar al partido obrero burgués y desarrollar el movimiento de nuestra clase hacia la realización de su objetivo socialista.
¿Cuál es la fuerza objetiva del núcleo irreductible de la aristocracia obrera? ¿Cuál es la fuerza objetiva de los prejuicios burgueses y pequeñoburgueses de las masas obreras? Hoy esta fuerza parece inmensa, pero debemos tener en cuenta que el proletariado hace décadas que está recibiendo la funesta incidencia arrolladora del revisionismo y el oportunismo, representados por la socialdemocracia y el revisionismo moderno (el cual, en nuestro país, se apoderó del PCE, bastante antes de la transición de 1978). Por eso, únicamente desplegando una lucha teórica, política, sindical y organizativa contra la incidencia burguesa en el movimiento obrero, podremos reducirla a su expresión objetivamente necesaria y pasar prácticamente a la lucha por el Poder político. De ahí que nuestra primera tarea sea la de reconstituir el Partido Comunista, a través de la unidad y la lucha de los diversos destacamentos comunistas entre sí y con las masas en pro de este objetivo prioritario. Sólo a partir de su consecución, podremos pertrechar al conjunto de la clase obrera con la conciencia y organización suficientes para avanzar hacia la revolución.
Tareas inmediatas
Hay que avanzar hacia la organización de los comunistas en células en las empresas o centros de trabajo, sobre todo en los más grandes. Si no podemos contar todavía con ellas, deberemos conformar células de polígono o, en último caso, células por territorios que incluyan importantes industrias. Mientras la reconstrucción del Partido Comunista no haya concluido, sería conveniente organizar a la vez comités de coordinación de las organizaciones de base o de militantes individuales de los diferentes destacamentos comunistas.
En primer lugar, estas organizaciones han de promover la educación de los comunistas y de las masas obreras en el marxismo-leninismo mediante el estudio y la propaganda de esta teoría, basándose directamente en las obras de sus fundadores. Necesitamos impulsar una verdadera revolución cultural en el movimiento obrero y, sobre todo, entre sus miembros más conscientes que combata las corrientes ideológicas de moda, opuestas sin excepción a la revolución proletaria. Hay que desbordar el limitado horizonte político que padece el movimiento obrero y elevar su ambición. Es preciso que organicemos la unidad de acción y la discusión entre las organizaciones comunistas también con el propósito de esta contraofensiva propagandística del socialismo científico, incluida la defensa de la experiencia histórica de la revolución proletaria hasta nuestros días.
En segundo lugar, hay que politizar a las masas obreras y no encerrarlas en la rutina sindical. Sin duda, ésta les resulta más familiar pero los intereses fundamentales de la clase obrera no podrán realizarse mediante la lucha económica, sino únicamente conquistando la dictadura del proletariado mediante la lucha política revolucionaria. Para ello, nuestra clase necesita conocer a sus amigos y a sus enemigos, necesita convertirse en vanguardia dirigente de todos los oprimidos para recabar una fuerza suficiente con la que aplastar el poder de la burguesía y de la reacción. Y sólo lo conseguirá si los comunistas acudimos a explicarle los problemas de las más diversas capas de la población y si la exhortamos a participar con ellas en la lucha por resolverlos. Las reivindicaciones que hoy movilizan a la juventud y a la intelectualidad revolucionaria a favor de la solidaridad anti-imperialista, de la república, del derecho de autodeterminación de las naciones, del laicismo, de la igualdad de la mujer, de la defensa de la naturaleza, etc., deben tener para los comunistas un destino preferente hacia las concentraciones de trabajadores industriales.
En tercer lugar, está la atención a los problemas de los que ya es consciente el propio movimiento obrero, particularmente los de su resistencia económica, los sindicales. Los comunistas debemos conocer en profundidad las legítimas aspiraciones, reivindicaciones y también las luchas de la clase obrera en las fábricas y otros lugares de trabajo, así como en su entorno cultural y residencial (incluimos, como anexo a este documento, las reivindicaciones sindicales que Unión Proletaria propone para el Programa de combate de la clase obrera, poniendo también el conjunto de nuestra propuesta programática a disposición de los camaradas del Movimiento Comunista Internacional). Partiendo de esta base, podremos desarrollar nuestra intervención dentro del movimiento obrero y sindical, tarea imprescindible máxime cuando los sindicatos están controlados por direcciones burocráticas que han renunciado a la lucha de clases apostando por realizar una política anti-obrera, de claudicación y colaboración con la patronal y el Estado burgués que la respalda.
Aumentar el nivel de conciencia y de organización del proletariado es un trabajo que debemos realizar los comunistas sobre la base de los problemas que sufren los obreros, desde las grandes fábricas al sector servicios. Aprenderemos de sus luchas participando en ellas, aunque muchas se deban a "estallidos espontáneos" de marcado acento economicista. De todos modos es justo y necesario que los trabajadores luchen por mejores condiciones laborales, económicas y sociales; particularmente contra la precariedad salarial, la temporalidad, las deslocalizaciones y la siniestralidad, que tan negativamente inciden en los trabajadores más indefensos, sobre todo en los jóvenes, mujeres e inmigrantes. Es misión de los comunistas dar salida a sus luchas, haciéndoles comprender sus carencias, dotándolas de contenidos políticos revolucionarios.
Debemos defender entre los trabajadores la necesidad de recuperar el sindicalismo de clase socio-político, asambleario, participativo, democrático, que tenga por horizonte la emancipación de la clase obrera y que se fundamente en la lucha de clases: que no renuncie a negociar pero que, ante todo, se oriente hacia la movilización y la lucha de las masas trabajadoras, particularmente a ejercer con contundencia y responsabilidad el legítimo derecho de huelga sin servicios mínimos impuestos, único medio para arrancar al capitalismo mejoras en las condiciones específicas y generales del conjunto de clase obrera.
Para ello, hay que potenciar en todo momento la más amplia participación de los trabajadores en la lucha por recuperar ese sindicalismo de clase, derrotando a nivel de empresa, al sindicalismo tradeunionista, reformista, anti-obrero que impulsan las cúpulas de UGT y CC.OO. en España, de la CES en Europa y de la CSI a escala mundial. Se debe convertir en un clamor popular la necesidad de realizar un giro a la izquierda en el movimiento sindical, que expulse de la dirección del mismo a los traidores a la clase obrera.
La controversia acerca de la táctica sindical
El secuestro de las organizaciones sindicales perpetrado por estos agentes de la burguesía, además de afectar a las masas de la clase, también incide sobre sectores de vanguardia que se reclaman marxistas-leninistas y que se debaten entre continuar en Comisiones Obreras apoyándose en su "Sector Crítico" –el cual propugna un giro a la izquierda de este sindicato para recuperar el sindicalismo de clase y la participación del proletariado-, o bien apostar por organizaciones sindicales más pequeñas, que alcanzan a muchos menos obreros, centros de trabajo y territorios, cuyo ámbito de actuación en algunos casos se limita a una sola empresa, pero que, a cambio, parten de bases políticas y de una práctica más combativas y más democráticas.
Aunque esta última opción se basa en una crítica justa hacia UGT y CC.OO., la realidad nos muestra que la escasa incidencia de masas y unidad entre sí de estos sindicatos reduce considerablemente su eficacia, al menos momentáneamente. Valgan como ejemplo las convocatorias alternativas del 1º de Mayo en Madrid, que congregan a menos de mil personas, pese a contar con el apoyo y participación de dos organizaciones políticas, dos centrales sindicales –CGT y Solidaridad Obrera- y la Coordinadora Sindical de Madrid compuesta, a su vez, por ocho organizaciones sindicales con presencia en Telefónica, Casa de la Moneda, Iberia, EMT, Roca, Hotel Meliá, SEAT, Autobuses Blas, etc.
Además, en el caso de los sindicatos circunscritos a su propia empresa, el peligro de la deriva corporativista es grande y evidente.
Para remate, esta competencia inter-sindical, como indica lo acontecido en SEAT, crea dispersión y enfrentamiento inclusive dentro de los sectores de vanguardia del proletariado.
En nuestra opinión, el abandono voluntario y generalizado de CC.OO. por parte de los comunistas, sin existir una alternativa reconocida que pueda contar con el apoyo de un sector suficientemente numeroso de la clase obrera, y sin haber agotado todas las posibilidades de recuperar dentro de CC.OO. una línea de actuación acorde con sus principios fundacionales como sindicato de clase, asambleario y socio-político es un error que propiciaría una más profunda división sindical que la actual, dificultando o impidiendo la recuperación del movimiento obrero, sumiéndolo en posiciones de mayor debilidad. A juicio de Unión Proletaria, una apuesta así pondría de manifiesto que no se comprende el significado y el papel del Partido Comunista ni, por lo tanto, la absoluta prioridad de la lucha por su reconstitución en contacto con las masas más amplias de la clase, combatiendo en ellas las ilusiones sobre una supuesta "solución sindical" al deterioro de sus condiciones de vida. Más allá de los deseos bienintencionados, la falta de unidad sindical agravada por la orientación de los comunistas hacia alguna alternativa minoritaria –nueva o ya existente-, propiciaría involuntariamente una mayor incomprensión y desmovilización entre los trabajadores que sólo puede ser beneficiosa para las políticas contrarias a nuestros intereses de clase, que impulsan y pactan a nuestras espaldas las cúpulas burocráticas de los sindicatos al servicio de la patronal y del gobierno capitalista de turno.
Sin realizar un trabajo unitario previo que cuente con el respaldo y participación, lo más amplia posible, de los trabajadores, estaríamos vaciando de posibilidades reales la lucha por el sindicalismo de clase.
Ahora bien, somos conscientes de los siguientes hechos: 1) la realidad de la división sindical de los trabajadores, particularmente con la expulsión y abandono voluntario de CC.OO. de algunas de sus secciones más conscientes y combativas; 2) la tremenda dificultad real de trabajar por el sindicalismo de clase dentro de CC.OO. en determinadas fábricas, ramas productivas, uniones comarcales, provinciales, etc.; 3) las limitaciones ideológicas y políticas de los actuales dirigentes del sector crítico de este sindicato, que son políticamente afines al PCE revisionista y, en su día, tuvieron cierta responsabilidad de que se entrara en una dinámica de pactos sociales y de centralización burocrática del funcionamiento de CC.OO. en los años 80, sin haber realizado una autocrítica profunda por ello.
Por todo esto, deben ser los militantes de las distintas organizaciones comunistas los que, con mayor conocimiento de causa para valorar las posibilidades reales en cada situación concreta y en función de servir mejor a la clase obrera, determinen las opciones más convenientes para su trabajo dentro del movimiento obrero.
Unión Proletaria ha participado activamente en las luchas que los funcionarios de la Administración de Justicia han realizado en los últimos meses, impulsadas por la organización sectorial de CC.OO. dirigida por el Sector Crítico. La huelga de aquéllos que dependen de la Administración regional de Madrid duró dos semanas y se saldó con una victoria rotunda de los trabajadores que consiguieron la totalidad de sus reivindicaciones salariales y un reconocimiento del resto de sus reivindicaciones que será necesario concretar en la negociación posterior. Los funcionarios judiciales que dependen del gobierno central iniciaron una huelga posteriormente para lograr la equiparación salarial con sus colegas transferidos a las comunidades autónomas y la mantuvieron durante más de dos meses, hasta obtener la mayoría de su reivindicación. Han demostrado una capacidad combativa que ha asombrado a las Administraciones, al conjunto del movimiento sindical y a la población en general. Sin embargo, el gobierno, en connivencia con la dirección de las federaciones de servicios públicos de UGT y de CC.OO., efectuó una maniobra que consistió en ceder a las demandas de los trabajadores destruyendo a cambio un movimiento sindical que amenazaba con extenderse a otros funcionarios y trabajadores en general: al firmar un acuerdo que desconvocaba la huelga sin someterlo a referéndum entre los empleados, violaron el compromiso que habían adquirido los delegados sindicales con sus representados. De esta manera, el Estado provocaba un desánimo que dificultaba el contagio de la huelga, daba un nuevo motivo para que los trabajadores desconfiaran de los sindicatos de clase (los corporativos no participaron en la maniobra) y golpeaba al combativo Sector de Justicia de CC.OO.; por su parte la dirección de la federación de este sindicato debilitaba a su Sector de Justicia, mayoritariamente Crítico, ante el próximo Congreso a celebrar dentro de un año. En estos momentos, los delegados de CC.OO. que dirigieron el movimiento llevan una lucha interna y pública contra los dirigentes traidores y, según el resultado de esta lucha, decidirán si continuar o no al frente del sindicato de Justicia. Observamos en ellos manifestaciones de ingenuidad y de precipitación "izquierdista" que tratamos de combatir para que eviten las trampas del enemigo interno y comprendan la necesidad de una "guerra prolongada" contra la burguesía y sus agentes oportunistas, en la que tienen que mantener su compromiso con los trabajadores a pesar de todas las dificultades.
En definitiva, en los sindicatos –sobre todo en los grandes, donde nuestra política es minoritaria-, los comunistas debemos proponernos el objetivo de organizar Fracciones Rojas junto con los obreros más avanzados, para impulsar paciente y perseverantemente el sindicalismo de clase y la lucha por los objetivos revolucionarios de la clase obrera.
Para avanzar en esta dirección, a la vez, tenemos que tratar de lograr siempre la mayor unidad posible de sindicalistas de clase a nivel local, provincial, autonómico y estatal: unidad sindical y unidad de los propios trabajadores. Hemos de procurar ponernos a la cabeza de todas las luchas, confrontando con las posiciones defensoras de la conciliación de clases, las cuales tratan de reducir y paralizar tales luchas. En definitiva, desde las fábricas y desde las diversas organizaciones sindicales, las Fracciones Rojas deberán impulsar la construcción de un FRENTE SINDICAL DE CLASE que unifique en la acción al sector crítico de CC.OO., a CGT, a Co.bas, a las Coordinadoras Sindicales, etc., y en el cual se integren y participen el mayor número de trabajadores. Este avance contra el sectarismo destructivo que hoy nos atenaza imprimirá un desarrollo del nivel de conciencia, organización y combatividad del proletariado, que posibilitará la defensa eficaz de sus intereses de clase y la confrontación inteligente con la patronal y el Estado burgués que la representa.
La consecución de un FRENTE SINDICAL DE CLASE nos permitirá derrotar a la burocracia oportunista de CC.OO. y de otros sindicatos, combatiéndola conjuntamente desde dentro y desde fuera (organizaciones sindicales alternativas y organizaciones políticas del proletariado). Y, si los progresos resultan mayores fuera que dentro de Comisiones Obreras, el FRENTE SINDICAL DE CLASE habrá forjado una tan amplia unidad entre las distintas organizaciones, destacamentos sindicales y masas obreras que, aún en contra de nuestros deseos, podremos constituir una nueva Confederación Sindical que practique una política realmente de clase, a la vez que agrupe a una parte decisiva de las masas proletarias.
El movimiento obrero, más allá del sindicalismo
Ya hemos subrayado la necesidad de politizar el movimiento obrero. Pero, incluso desde el punto de vista de la resistencia económica, hay que atender no sólo la esfera de la producción social, sino también la de la reproducción de la fuerza de trabajo. Así, debemos ligar la lucha sindical que libra el movimiento obrero, con las luchas sociales que se desarrollan contra el capitalismo fuera de las fábricas, que tienen unos contenidos reivindicativos, donde los beneficios tanto económicos como sociales son indirectos o diferidos, no directamente salariales, aunque repercuten de una forma sustancial en la situación del proletariado y de otras capas populares. Se trata de luchas que se deben impulsar en los barrios, centros de estudio y sobre todo desde las fábricas, empresas y servicios donde el proletariado está presente. Son luchas y movilizaciones que se vienen realizando en torno a múltiples reivindicaciones: por la vivienda social, contra la carestía de la vida, en defensa del medio ambiente, por la enseñanza y la sanidad públicas, etc.
Conseguir que los proletarios más conscientes y combativos vuelvan a participar en las luchas sociales y políticas, como a finales de los 70, desde las fábricas, será la mejor escuela, para que el proletariado se conciencie de su propia fuerza, y comprenda que las luchas económicas espontáneas no pueden solucionar su futuro como clase explotada.
Organizar el internacionalismo proletario
A nivel internacional, consideramos nuestro deber:
1º) Luchar por la mayor coordinación posible de organizaciones comunistas y de agrupaciones internacionales de los mismos con la meta de reconstituir la Internacional Comunista.
2º) Luchar por el fortalecimiento de la Federación Sindical Mundial que, a nuestro entender, es la única organización sindical internacional que defiende valores clasistas y que, de una u otra forma, se enfrenta al imperialismo globalizador. La FSM puede jugar un papel importante contra la globalización capitalista, contra el imperialismo y sus guerras de rapiña, en favor del desarme, la paz, contra la actual manipulación de las Naciones Unidas por parte del imperialismo, fundamentalmente del más agresivo, el norteamericano.
Otro mundo es posible, sin explotadores ni explotados, sin clases antagónicas, con el fin del capitalismo, si previamente reconstituimos el Partido Comunista y organizamos la revolución que destruya el Estado burgués y lo sustituya por la dictadura del proletariado para poder alcanzar una sociedad sin clases: la sociedad comunista.
¡Viva el Marxismo-Leninismo!
¡Viva el Internacionalismo Proletario!
¡Viva la lucha sindical de los trabajadores!
¡¡Por el Partido Comunista!!
En Madrid, abril de 2008

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Apdo. Correos 51498 - 28080 Madrid
Anexo (tomado de la Propuesta de Unión Proletaria para el Programa de la Clase Obrera en España)
FRENTE DE LUCHA SINDICAL.
(…)
1º.- Sobre las organizaciones de trabajadores.-
En España existe un gran lastre de falta de democracia para la mayoría de la sociedad. Esa inmensa mayoría son los trabajadores asalariados que en estos momentos no disponen de organismos de gestión, control e inspección de leyes y medidas laborales y económicas que les afectan directamente. Por otro lado, las empresas y el Estado capitalista tratan de comprar a los sindicatos, a través de diversas formas de financiación, para que éstos desmovilicen a los trabajadores, llegando algunos dirigentes a actuar como administración o empresa en lugar de como representante de los trabajadores. Por estas razones proponemos:
1.1.- Creación de un Consejo Central de Trabajadores, al igual que en la comunidades y municipios, elegido democráticamente por los trabajadores asalariados que entienda sobre la proposición de leyes laborales, el control y la inspección.
1.2.- Representación de, al menos, el 51% de representantes de los trabajadores en los Consejos de Administración de las empresas nacionalizadas, bajo el control de los comités de empresa y las asambleas de trabajadores, teniendo estas últimas el poder de revocación de sus representantes.
1.3.- Prohibición de la financiación y subvención de las centrales sindicales por parte de los organismos públicos y las empresas.
2º.- Sobre los derechos.-
La mayoría de las restricciones de los derechos democráticos que se han ido realizando durante los últimos años, han ido destinados a acabar o limitar el movimiento obrero reivindicativo. Es una necesidad democrática recuperar los derechos perdidos o eliminar sus limitaciones. Por ello, proponemos estas medidas:
2.1.- Reconocimiento del derecho de huelga sin restricciones (siendo fijados los servicios mínimos realmente necesarios por los representantes de los trabajadores), al igual que los derechos de manifestación, reunión libre y expresión política en las empresas.
2.2.- Reconocimiento del derecho a la negociación colectiva a todos los trabajadores asalariados. Serán prioritarios los convenios estatales de sector que frenen la individualización de los contratos, y que unifiquen y reduzcan la atomización.
2.3.- Tendencia a la unificación de los actuales convenios de sector y territoriales hacia un convenio único de ámbito estatal con garantías de control y participación de los trabajadores.
2.4.- Reconocimiento del derecho de libertad de acción sindical en todas las empresas sin limitaciones.
3º.- Sobre el Nuevo Estatuto Obrero.-
El Estatuto de los Trabajadores supuso una renuncia al mejoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores. El mismo abrió el camino a sucesivas reformas y contrarreformas que fueron profundizando la pérdida de derechos económicos, sociales y laborales. En las condiciones actuales se necesita la derogación del viejo estatuto y de sus múltiples reformas y la creación de un nuevo Estatuto Obrero que mejore las condiciones de vida y laborales de todos los trabajadores. En relación exclusiva con el mercado laboral, como propuesta mínima, debería incluir:
3.2.- Prohibición de las horas extraordinarias.
3.3.- Prohibición no pactada con los afectados de la movilidad geográfica y funcional.
3.4.- Prohibición de los contratos individuales fuera de los convenios colectivos.
3.5.- Transporte público o de empresa gratuito entre el domicilio y el puesto de trabajo.
3.6.- 35 días de vacaciones anuales.
3.7.- Igualdad salarial entre hombres y mujeres, así como entre trabajadores autóctonos y trabajadores inmigrantes.
3.8.- Indemnizaciones por despido como mínimo de 45 días por 42 mensualidades.
3.9.- Jubilación a los 60 años con el 100% del salario y jubilación parcial voluntaria a partir de los 55 años.
3.10.- Aumento lineal de los salarios hasta recuperar el poder adquisitivo conquistado por el movimiento huelguístico de los años 1970-80. Cláusula de revisión salarial para todos los trabajadores, según un Índice de Precios al Consumo basado en la cesta de la compra del sector de rentas mayoritario entre los trabajadores asalariados.
3.11.- Elevación del Salario Mínimo Interprofesional a una cuantía que permita cubrir las necesidades básicas del trabajador, por debajo del cual no podrá haber ningún contrato o pensión.
3.12.- Pensiones equiparables a los salarios reales de los trabajadores activos.
3.13.- Prohibición de las Empresas de Trabajo Temporal.
3.14.- Eliminación de las contratas y subcontratas en la actividad habitual de las empresas y, mientras tanto, aplicar a sus trabajadores el convenio de la empresa principal, independientemente del sector al que pertenezcan.
3.15.- Reducción de las modalidades de contratos laborales.
3.16.- Financiación de la seguridad social exclusivamente por medio de las cuotas empresariales calculadas según las necesidades de la misma.
3.17.- Recuperación del Servicio Público de Empleo.
3.18.- Seguro de desempleo a todas las personas sin trabajo hasta que el Estado les proporcione un puesto de trabajo acorde con su profesión, bajo el control e inspección de los Consejos de Trabajadores.
3.19.- Planificación, fomento, inspección y control de la salud laboral en el trabajo.
3.20.- Formación profesional a cargo de las empresas y computable como horas de trabajo.