La clase obrera, su rol y su misión
actual.
Las tareas y las experiencias concretas
del Partido Comunista en la clase obrera y en el sindicato
Bruselas, 16 - 18 de mayo del 2008
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El Partido y el Sindicato
Partido Comunista de los Pueblos de España
Las reflexiones primero y las teorizaciones después que sobre las organizaciones sindicales, su papel en la lucha de clases y sus relaciones con el Partido de la clase fueron un reto permanente para Marx, Engels y Lenin, y para muchos teóricos del marxismo leninismo, desde la segunda mitad del Siglo XIX hasta nuestros días. Hoy sigue constituyendo a nuestro juicio un tema clave para el desarrollo tanto del Partido de la clase como de la revolución.
Pero, evidentemente, los cambios profundos que se han producido en el desarrollo de las fuerzas productivas, han modificado de forma radical desde las formas de producción hasta la producción misma, la composición de la clase, las estructuras de poder de la burguesía, las formas de explotación, etc.
Ya Carlos Marx apunta en su obra "la miseria de la Filosofía" el arranque de la lucha económica del proletariado, los mecanismos de asociación para enfrentar unidos la lucha por un salario digno, y la toma de conciencia que se produce en ese proceso, hasta darle un contenido político, cuando la clase ocupa el papel central en la lucha por la emancipación, como describe en el "Manifiesto Comunista".
Pero las circunstancias que se suceden en Inglaterra, ya refleja las contradicciones que se van a producir, y refiriéndose a la clase obrera inglesa, en su abundante correspondencia con Engels, advertía que la prosperidad industrial inglesa suscitaba la idea de comprar a los obreros, y que esa misma prosperidad desmoralizaba a los trabajadores, señalaba también que mientras exista el monopolio de Inglaterra "no habrá nada que hacer con el obrero inglés", o como líderes obreros ingleses se transforman en un tipo intermedio entre el burgués radical y el obrero.
También encontramos en Lenin posturas aparentemente contradictorias en función de las variables circunstancias del desarrollo de la lucha de clases en Rusia, y así en la plataforma táctica para el Congreso de Unificación, en su proyecto de resolución, aparecido en marzo de 1.906, plantea al congreso que reconozca que "todas las organizaciones del Partido deben contribuir a la formación de sindicatos sin-partido y exhortar a ingresar en ellos a todos los trabajadores de cada profesión que sean miembros del Partido; que el Partido debe tender por todos los medios a educar a los obreros afiliados a los sindicatos en el espíritu de una amplia comprensión de la lucha de clases y de las tareas socialistas del proletariado para conquistar realmente con su actividad el papel dirigente en dichos sindicatos y , por último, para que estos sindicatos puedan, en determinadas condiciones, adherirse directamente al partido, pero sin excluir de ellos en modo alguno a aquellos de sus afiliados que no militen en el Partido"
En el Congreso de Estocolmo del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso se pronunció en pro de unos sindicatos sin partido, manteniendo el punto de vista de la "neutralidad", como lo hacían los bernsteinianos y eseristas, modificando la posición en el congreso de Londres que se pronuncia mayoritariamente por acercar los sindicatos al Partido, tesis también sostenida mayoritariamente en el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart de agosto de 1.907 (VII Congreso de la II Internacional). En sus resoluciones se reconoce con precisión la necesidad de que los sindicatos establezcan estrechas relaciones con el Partido Socialista y las consoliden.
Se han dejado claramente definidas a nuestro juicio, y haciendo abstracción de las particularidades de países y momentos, en primer lugar la importancia de la relación del Partido con las organizaciones sindicales y la necesidad de influir sobre ellas, al reconocer que es ahí donde se organizan los trabajadores para la defensa de sus intereses inmediatos, y que esa influencia es la que debe conseguir que los trabajadores pasen de la fase de lucha económica, mediante la toma de conciencia, a la lucha política y en definitiva a asumir los planteamientos de transformación revolucionaria de la sociedad.
De otro lado aparecen también claramente definidas las tendencias a abogar por sindicatos "neutrales", las contradicciones que entraña para la clase obrera de los países imperialistas la sobreexplotación de los trabajadores y los pueblos colonizados, y el esfuerzo de los capitalistas por comprar la voluntad de los dirigentes sindicales.
La división producida tras la ruptura de la Internacional durante la primera conflagración europea, y la subsiguiente formación de la III Internacional, luego del triunfo revolucionario de la fracción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso y la creación del primer estado obrero del mundo, se refleja también en las organizaciones sindicales de clase en Europa, hasta que tras el VII Congreso de la III Internacional y la política de frentes populares, la unidad de acción con los socialistas y otras fuerzas progresistas y democráticas frente al auge del fascismo en sus diferentes versiones produce un reagrupamiento en el terreno sindical y un aumento de la influencia comunista en las organizaciones de clase.
Tras la derrota del nazifascismo, en París se crea la Federación Sindical Mundial (FSM) con la participación de todas las confederaciones que en ese momento existían.
El inicio de la denominada "guerra fría", como no podía ser de otro modo, afecta de forma directa al terreno sindical, y encabezados por la estadounidense AFL-CIO, un grupo de confederaciones salen de la FSM y crean la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOLS) cuyas estructuras y afiliados son en muchos casos directamente financiados por el imperialismo norteamericano a través de múltiples fuentes, incluía la CIA.
Por otra parte se crea la Confederación Mundial del Trabajo, con organizaciones sindicales de corte socialdemócrata, que se ha mantenido hasta que no ha sido necesaria para los fines del imperialismo y se ha fusionado con la CIOSL.
A partir de la década de lo ochenta, de un lado a deriva de varios de los grandes partidos comunistas de Europa Occidental, primero a lo que se denominó eurocomunismo, para abrazar planteamientos socialdemócratas después, paralela a una filosofía de "neutralidad" política que se instala en las grandes centrales sindicales francesas, italianas, alemanas y españolas, de otro la aceleración del proceso estratégico del polo imperialista europeo, la Unión Europea, y por último el proceso de derrumbe del sistema de socialismo real en los países europeos, modificaron desfavorablemente la situación de las fuerzas progresistas y revolucionarias tanto en el terreno político como en el sindical.
Una Federación Sindical Mundial, fuertemente burocratizada y excesivamente dependiente de los grandes sindicatos de los países del antiguo bloque socialista, que había perdido posiciones en el movimiento sindical del resto del mundo desarrollado, junto a la ofensiva de la CIOLS en el ámbito mundial y la CES en el europeo, hicieron retroceder por todas partes las posiciones de clase, siendo el conjunto del movimiento sindical hegemonizado por las posiciones pactistas y de conciliación clasista, convertidas las más de las veces en pilares imprescindibles del sistema de explotación de los países capitalistas.
Sólo en Portugal y Grecia, sus partidos comunistas, sin abandonar los principios del marxismo-leninismo no sólo mantienen sus posiciones, sino que las amplían y ganan influencia entre la clase obrera y las capas populares, han sabido mantener la relación con los sectores sindicales más combativos haciendo que en ellos tomen conciencia miles de trabajadores, y den articulen respuestas de masas a las agresiones que se producen en toda Europa a los derechos sociales y laborales.
Al tiempo, es otras partes del mundo, y principalmente en América Latina, se está produciendo desde los años noventa un cambio significativo en la correlación de fuerzas, y donde Cuba era un islote ejemplo de resistencia, pero asilado y acosado no sólo por el imperialismo norteamericano, sino por muchos gobiernos títeres de la región, la nueva realidad de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Guatemala, y también Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, y ahora Paraguay, supone abrir nuevas expectativas de avance de las posiciones progresistas y antiimperialistas.
Y es en ese contexto en que, de un lado, las dos organizaciones sindicales mantenedoras del sistema, la CIOSL y la CMT, se han fusionado recientemente en una única organización, la Confederación Sindical Internacional, y la FSM ha iniciado un proceso de revitalización intentando convertirse en el referente del sindicalismo de clase en todo el mundo, añadiendo al combate por la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de la clase, una componente de alternativa al capitalismo que devuelva la esperanza de un cambio posible a pueblos y trabajadores. A partir de su XV Congreso, celebrado el 2005 en La Habana, han solicitado su afiliación 47 sindicatos nacionales, agrupando en la actualidad 180 sindicatos con 65 millones de afiliados..
En este sentido, pese a la existencia de realidades sindicales diversas, las líneas de actuación de los comunistas deben tener unos ejes comunes, que permitan volver a ganar influencia entre los trabajadores, bien con la actividad militante dentro de las organizaciones sindicales existentes, pese a su carácter "neutral", donde ello sea posible, o articulando las alternativas organizativas que permitan agrupar a aquellos destacamentos que cada vez en mayor número, o bien se desgajan de aquellas organizaciones debido a sus políticas concretas de entreguismo, o bien son expulsado por mantener una línea de resistencia frente a ellas.
Realidades como la griega, en que las corrientes de clase agrupadas en torno a la PAME son cada vez más influyentes en el conjunto de las organizaciones sindicales de Grecia, y ello sin duda gracias a un trabajo de masas de los militantes del KKE, o como la portuguesa en la que pese a todas las presiones la mayor central sindical mantiene sus posiciones de lucha económica y política frente al capitalismo nacional y europeo, posicionándose frente a la políticas de la Unión Europea.
Las políticas de conciliación de clases practicada reiteradamente por los sindicatos que otrora fuesen referente de combatividad frente al sistema, como es el caso de la CGIL en Italia, o Comisiones Obreras en España, dieron lugar ya desde el principio de los años noventa, a la creación de estructuras sindicales alternativas, comités de base, sindicatos de empresa, que desde posiciones aún minoritarias, han recuperado la línea de clase, y es ahora el tiempo de hacerlas converger, manteniendo sus especificidades, a fin de levantar una alternativa a las que se han convertido en pilares del sistema, y esa es la tarea que toca hoy a los comunistas en estos países.
En el caso concreto de España, caracterizado por la existencia de una diversidad de realidades nacionales y regionales, con marcos particulares de lucha, ha dado lugar ala existencia de decenas de organizaciones, nacionales o regionales unas, de empresas o de sectores otras, se inició un proceso, en el que los comunistas estamos empeñados, de articulación del máximo de estas realidades organizativas. Partiendo de problemas específicos que tienen profunda repercusión sobre las condiciones de trabajo, y fundamentalmente de los recortes sistemáticos de derechos sociales, y sobre todo de la campaña de represión que se ejerce sobre las acciones de resistencia a esas políticas, llegando a aplicar en algunos casos la legislación antiterrorista, se han mantenido una serie de reuniones tendentes a organizar respuesta colectivas a nivel de todo el estado, y a plantear una alternativa de regulación de las relaciones de trabajo que permita no sólo frenar las políticas desreguladoras impulsadas por la Unión Europea, sino recuperar los derechos en su día conseguidos y entregados por las organizaciones sindicales entregadas al sistema.
No queremos acabar esta intervención, en coherencia con la importancia que la cuestión sindical tiene en la actividad diaria de los comunistas, y la trascendencia para nuestra lucha política puede suponer la existencia de potentes organizaciones sindicales comprometidas no sólo con la lucha inmediata por la mejora de las condiciones de vida y trabajo, sino desde una perspectiva de transformación revolucionaria dirigida a la construcción de una sociedad socialista, sin hacer un llamado a preparar una reunión específica sobre el trabajo de los comunistas en el terreno sindical en la situación actual.