Contribución al XVII Seminario Comunista Internacional

La clase obrera, su rol y su misión actual.
Las tareas y las experiencias concretas del Partido Comunista en la clase obrera y en el sindicato

Bruselas, 16 - 18 de mayo del 2008

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Los comunistas en el movimiento obrero español

Partido Comunista de España (marxista-leninista)

 

En España nunca, ni en los momentos en los que más débil era el movimiento popular, desapareció del todo la oposición a la política de los Gobiernos burgueses: Desde 1.985, la clase trabajadora ha seguido de forma masiva cinco Huelgas Generales; la última de ellas el 20 de Junio de 2.002, marcó el inicio de la campaña de movilizaciones que echó al Gobierno de Aznar a la calle.

No obstante, el movimiento obrero en España se caracteriza por una profunda dispersión fruto de diversos factores, entre ellos: el peso abrumador de las microempresas (el 93,94% de las empresas tienen menos de 10 trabajadores); el peso de la economía sumergida que según algunas fuentes oficiales oscila entre el 20 y el 25 % del total del PIB; la estructura económica basada en los servicios, muchos desligados de la producción y una industria débil. La dispersión ideológica es también muy alta, producto de otros factores como la relativa juventud del proletariado español (téngase en cuenta que en 1965, el 35% de la población era campesina y aún en 1978, lo era el 20%), el papel disgregador del reformismo oportunista y la debilidad de los comunistas.

Hoy, los sindicatos de masas están desacreditados, sus direcciones, objetivamente en el campo de la burguesía, no representan en absoluto los intereses generales de clase del proletariado; tampoco están en condiciones de defender eficazmente los intereses inmediatos de los trabajadores. Como consecuencia, el proletariado español actúa disperso y sin dirección.

Para entender como se ha llegado a esta situación, conviene hacer un somero repaso por la historia reciente del Movimiento Obrero en España:

A partir de 1975, la lucha sindical jugo una baza muy importante en la contienda política entablada por las clases populares para la ruptura democrática con el régimen franquista. Fueron años de afiliación masiva, de entusiasmo revolucionario y mucha combatividad.

Las esperanzas de nuestro pueblo no las podía parar la durísima represión desatada por el régimen monárquico elegido por el dictador para continuar a su muerte con la misma estructura de dominación de clase: en cinco años, más de cien ciudadanos, la gran mayoría jóvenes trabajadores, murieron asesinados por bandas fascistas o bajo el fuego de la policía. En aquellos momentos el prestigio de los sindicatos era grande y masiva la participación de los trabajadores en las continuas huelgas y movilizaciones, no solo por sus reivindicaciones inmediatas, sino por consignas políticas generales.

Además, el peso de los comunistas en la dirección de las luchas era decisivo. El prestigio de los comunistas entre el pueblo español, reforzado por su entrega y capacidad de organización y dirección en los duros años de la dictadura, era enorme.

Por eso, no es de extrañar que cuando se consumó la traición consciente de la dirección de una parte mayoritaria de las organizaciones políticas populares y particularmente de la dirección del viejo partido comunista encabezada por el equipo de Santiago Carrillo, que selló un pacto con la oligarquía, comprometiéndose a aceptar al heredero de Franco y consensuó con la derecha franquista los límites del régimen monárquico consintiendo que se mantuviera intacta la estructura de dominación de clase impuesta por el fascismo tras la derrota de la república española en 1939, la frustración fue muy grande.

La dirección del viejo Partido Comunista, caída bajo la influencia de los postulados revisionistas, renegó de la política revolucionaria y predicó la conciliación entre las clases. Solo algunos pequeños destacamentos de comunistas, entre los que destacó el PCE (m-l) opusieron resistencia que, dada la renuncia de la mayoría de las organizaciones que se autodenominaban comunistas, resultó insuficiente.

Las consecuencias de esa traición urdida por lo representantes del revisionismo han sido en España profundamente negativas: La pérdida de militancia política fue paralela a la caída en la afiliación sindical: Hoy, apenas un 14% de los trabajadores está afiliado a algún sindicato.

La socialdemocracia de derecha, muy débil a la muerte de Franco, supo aprovechar la situación para ocupar un espacio político en el campo popular y desactivar el potente movimiento de masas y sindical español. Durante años la iniciativa y la influencia de los comunistas en los frentes de masas y en los sindicatos ha sido muy escasa.

Decimos que el proletariado español está disperso y desorganizado; sin embargo, siempre que se le ha convocado a movilizaciones por objetivos políticos generales, ha respondido masivamente. Incluso ha encabezado de forma espontánea y al margen de cualquier dirección política, importantes luchas.

Decimos que los sindicatos de masas están desacreditados, y es cierto; mas hemos de constatar que a pesar de eso, agrupan la inmensa mayoría de la afiliación, concentran la mayoría de los representantes sindicales y son las únicas (de manera particular CCOO) organizaciones con capacidad de convocar a nuestra clase al combate general, como han demostrado en las cinco huelgas generales realizadas entre 1985 y 2002 contra los planes reaccionarios de los gobiernos de turno. ¿Cuál es la razón de este aparente contrasentido?

El proletariado español ha asimilado una rica experiencia histórica e instintivamente comprende la importancia de la unidad y de la organización. Por eso, cuando arrecian los ataques del capital contra sus intereses y debe enfrentarse a ellos con las mayores posibilidades de éxito, busca la unidad, la fuerza de la organización. Eso explica que, a pesar del descrédito de los oportunistas que los dirigen, sigan las convocatorias generales de huelga y se agrupen fundamentalmente en torno a los dos grandes sindicatos de masas: CCOO y UGT.

En los últimos años, se ha producido una reactivación de la lucha de clases. Una reactivación aún incipiente, la mayor parte de las veces espontánea y generalmente limitada a objetivos concretos, pero que en ocasiones ha alcanzado un alto grado de politización, como en las jornadas que precedieron a la derrota electoral del Gobierno derechista de Aznar o las masivas manifestaciones contra la guerra en Irak que movilizaron a casi ocho millones de personas en España. En estas luchas, la clase obrera ha ocupado un puesto de cabeza.

Todo ello sitúa como prioridad del movimiento obrero y popular la cuestión de su dirección. Crece la necesidad de organizar con un método y una teoría adecuados esa lucha, lo que hace que los esfuerzos por reconstruir el Partido del proletariado se hayan redoblado.

La creación de nuestro Partido es consecuencia de esa necesidad que sienten los sectores más conscientes del proletariado español y del esfuerzo de los comunistas por darle satisfacción: nacimos en Octubre de 2.006, fruto de la unidad de cuatro formaciones comunistas que tras un trabajo común iniciado en 2.002, decidimos reconstruir el PCE (m-l). Somos, pues, un partido joven que hace suyo el bagaje de lucha de aquel destacamento leninista surgido en 1964 en lucha contra el revisionismo jruchovista y hace suya la experiencia histórica del movimiento comunista español, con sus aciertos y errores.

Los comunistas españoles somos aún muy débiles; negarlo sería dar la espalda a la realidad. Pero las condiciones para reforzarnos mejoran día a día: la incipiente reactivación del movimiento popular ha hecho crecer el interés por el marxismo leninismo entre los jóvenes; el crecimiento de la movilización, la deslegitimación de la social democracia derechista y la degradación acelerada de los revisionistas acercan a nuevos sectores al campo de los comunistas.

Ahora bien, esta situación ha activado también todo tipo de corrientes oportunistas: desde los anarquistas hasta los trostkistas, lo que enturbia el debate abierto y franco entre los comunistas y desvía a no pocos jóvenes recién incorporados a la lucha hacia posiciones voluntaristas, infantiles y radical oportunistas.

Los comunistas españoles venimos desarrollando un debate colectivo dirigido a avanzar en el proceso de unidad. Y en este debate ocupa un lugar destacado la cuestión de la participación en el seno de los sindicatos de masas, aún cuando su dirección hoy esté, como decimos, ocupada por elementos oportunistas sin principios, alguno de ellos alineados claramente con las posiciones de la derecha más rancia.

No es esta una cuestión menor: Muchos de los núcleos de militantes del PCE revisionista, según iban entrando en contradicción con la dirección de su partido, lo hacían abrazando inicialmente el radicalismo social como seña de identidad; tendencia utilizada por no pocos dirigentes revisionistas de ese partido para influir sobre un sector de la militancia y crear su propia capilla manteniendo sus objetivos reformistas con un barniz formalmente radical.

Lo cierto es que hay dirigentes que no ven problema en convivir en la misma organización con los elementos más turbios y anticomunistas, y consideran poco menos que traidor, mantener la lucha en el sindicato de masas contra el oportunismo de derecha.

Realmente esta posición es en España, más peligrosa aún porque contribuye objetivamente a dividir y fragmentar a los trabajadores, potencia el apoliticismo, fomenta el abandono del combate de principios allí donde y contra quienes debería darse en primer lugar, convierte la agitación más alocada en la norma y refuerza finalmente a los oportunistas que dirigen los sindicatos, que se presentan ante sus afiliados como modelo de sensatez frente al activismo sin sentido de los oportunistas "radicales".

Las duras medidas que aplica el capital, alcanzan a sectores que hasta ahora podían negociar en mejores condiciones e incluso parar los principales golpes dirigidos contra ellos. Hablamos de la gran empresa industrial y del sector público: los cierres de industrias, la precarización y la destrucción de empleo son hoy moneda común en ellos.

Debido a esto se ha desarrollado un fenómeno nuevol: el surgimiento de sindicatos sectoriales en la gran empresa y en el sector público, algunos muy combativos y con propuestas radicales, que se autodefinen como sindicatos de clase.

En algunos casos, la durísima represión interna desatada en CCOO cuando surgió el sector crítico, forzó a cuadros sindicales a organizar estructuras sindicales separadas, ante la imposibilidad de trabajar en el seno del sindicato; entonces, esta actitud podría parecer razonable.

Sin embargo, muchos de estos cuadros, militantes de organizaciones autodenominadas comunistas han terminado por justificar este tipo de sindicalismo, rechazando con virulencia la participación de los comunistas en los sindicatos de masas.

Por otra parte, estos sindicatos despertaron inicialmente una cierta expectación en los sectores más activos del movimiento obrero, pero esa expectación se ha ido diluyendo porque ninguno de ellos ha logrado salir del ámbito de la empresa, cuando no de una sección concreta, para configurar una alternativa confederal.

La consecuencia es que este sindicalismo "aristocrático" no solo no ha acercado al proletariado español a la unidad de clase, sino que objetivamente ha contribuido a incrementar la dispersión del movimiento obrero y sindical y a debilitar a los núcleos más consecuentes que intervienen en el seno de los sindicatos de masas, a los que atacan con particular saña, para delimitar su propio espacio.

Una de las cuestiones que debemos precisar es que los comunistas no entendemos por sindicalismo de clase el más radical en sus propuestas concretas, pues éstas van a estar condicionadas por una realidad política que debemos tener permanentemente en cuenta para no desorientar a los trabajadores y generar falsas expectativas que provoquen frustración; sino aquel que defiende una orientación general en la que lo determinante son los intereses de la clase obrera en tanto que tal, lo que en ocasiones exige en la acción concreta priorizar los objetivos de unos sectores sobre los de otros, según las circunstancias.

Los comunistas, también, consideramos imprescindible reforzar la confianza del proletariado en sus propias fuerzas, pues determinado sindicalismo de la frustración, cercano a las tesis anarquistas, que plantea reivindicaciones sin tener en cuenta la correlación de fuerzas y el momento concreto, es rechazado instintivamente por nuestra clase que ha aprendido en su propia piel duras lecciones de la historia y sabe lo importante que son la firmeza, la paciencia, la unidad y la inteligencia para lograr la victoria..

Nuestro Partido, no desdeña el trabajo en los sindicatos sectoriales ni en aquellas plataformas espontáneas que esporádicamente se constituyen en determinados sectores o territorios, pero nuestro esfuerzo principal va dirigido a reforzar las posiciones de clase y a desarrollar un trabajo político en los grandes sindicatos de masas, donde está el grueso de la clase obrera organizada.

Se trata de llevar en ellos una lucha sin cuartel contra el oportunismo reformista o ultra izquierdista, disputando la dirección donde sea posible a los oportunistas y arribistas de todo tipo que hoy los controlan.

Camaradas nuestros ocupan cargos de responsabilidad en la estructura sindical y batallamos siempre por disputar a los oportunistas la dirección de secciones sindicales, consejos y ejecutivas.

Un elemento a tener muy en cuenta en el trabajo sindical de los comunistas, españoles es la constitución en 1.996 de un denominado sector crítico que viene luchando desde entonces por recuperar, en el seno del principal sindicato de masas de España: CCOO (1.200.000 afiliados) el sindicalismo de clase.

A pesar de la dureza de la represión interna (cerca de 3.000 cuadros y dirigentes del sector crítico fueron expulsados del sindicato o sancionados, en los primeros tres años desde su constitución), éste mantiene una implantación considerable (un 25% de la afiliación aproximadamente) y controla incluso algunas federaciones y territorios.

El sector crítico está sujeto a continuas contradicciones, algunas muy profundas, reflejo de la diversidad de corrientes que actúan en su seno: desde las marxistas leninistas, hasta otras trostkistas y, particularmente las que aquejan al partido revisionista, muchos de cuyos cuadros más conscientes y honrados participan activamente en él.

Estas contradicciones hacen que en ocasiones su intervención en el seno del sindicato no sea todo lo efectiva que sería de desear, pero en cualquier caso resulta innegable que es un polo de confluencia organizada y de debate de los sectores más activos y combativos de la militancia de CC.OO. De hecho, la presión de la base, impulsada por el sector crítico, fue un elemento clave que forzó la convocatoria de la última Huelga general del 20 de Junio de 2.002, una de las más combativas de las realizadas en España.

CCOO va a celebrar su IX Congreso Confederal a finales de este mismo año. En este próximo Congreso, cuando parecía segura una holgada victoria de la mayoría oportunista que encabeza Fidalgo, que ha recurrido a todo tipo de ardides para eliminar a la oposición, el sindicato encara el que será probablemente su congreso más abierto, con una fuerte pelea interna que no permite saber como va a terminar.

El proletariado español va a tener que hacer frente a retos muy importantes en el futuro próximo: nos enfrentamos a una crisis que, dadas las características de la estructura económica española va a golpear con mucha fuerza a nuestra clase (baste recordar que en la última gran crisis de 1.993 el paro en España llegó a alcanzar al 24% de la población activa).

La patronal de la construcción ya ha anunciado como consecuencia inmediata de la crisis entre 500.000 y un millón de despidos en el sector. El sector industrial sigue perdiendo peso en la economía española a favor de los servicios no ligados a la producción, lo que se traduce en un empleo con pésimas condiciones de trabajo y salariales (en la Comunidad de Madrid, una de las de mayor renta per cápita de España, el 60% de los trabajadores cobran menos de 1000 euros al mes). Las previsiones para el proletariado español son, pues, particularmente negativas.

Al hacer frente a la crisis que se avecina, debemos tener en cuenta otro factor nuevo en España: la presencia de una numerosa colonia de trabajadores inmigrantes, que junto a los jóvenes y los precarios (en España el porcentaje de trabajadores con contrato eventual no baja del 30% del total) van a ser los sectores del proletariado más golpeados por el capital.

Así pues, dos tareas importante de los comunistas españoles son la de organizar a los trabajadores inmigrantes en los sindicatos y trabajar por articular una acción eficaz hacia los sectores en precario, promoviendo que los sindicatos presten una mayor atención a sus reivindicaciones y se doten de una táctica y organización adecuadas para incorporarles a la lucha sindical: creación de federaciones de parados, atención preferente a la acción sindical en subcontratas y sectores desregulados, refuerzo del papel de las organizaciones territoriales para organizar la acción sindical en los polígonos industriales donde se concentra la pequeña y mediana empresa, etc.

El nuevo Gobierno de Zapatero ha anunciado como su principal prioridad, recuperar el consenso con la derecha neo franquista del PP, esto unido al nombramiento de ministros con conocidas posiciones ultraliberales hece previsible un recrudecimiento de la lucha de clases en España que puede percibirse ya en una activación de la movilización social. Por ello es particularmente urgente acabar con la dispersión con la que el proletariado acomete la lucha sindical.

Se trata de unificar las luchas en torno a unos objetivos comunes: este es un eje básico del trabajo de los comunistas en los sindicatos, que se trasladará a los debates del próximo Congreso Confederal de CC.OO. El sector crítico viene luchando por imponer un giro a la izquierda en el sindicato, recuperando sus señas de identidad de clase, defendiendo una plataforma común de la que resaltamos los siguientes puntos: defensa de una política industrial que se enfrente a la oleada de deslocalizaciones y cierres de empresas, creando un sector público industrial; defensa de los servicios públicos amenazados por las políticas de privatización de todos los gobiernos burgueses, sean del PP o del PSOE; recuperación del poder adquisitivo de los salarios (España es el único país de la OCDE en el que los salarios reales han disminuido un 4% entre 1995 y 2005); defensa del carácter socio político de los sindicatos de masas, que englobe no sólo la acción sindical en la empresa, sino la defensa de la sanidad y la enseñanza públicas, el transporte, la vivienda, etc; la exigencia de democratización de la vida sindical, potenciando la participación de los afiliados; unidad sindical y refuerzo de los órganos colectivos y unitarios en las empresas y sectores: comités de empresa y asambleas de trabajadores, etc

En conclusión, para hacer frente a la nueva coyuntura de crisis capitalista, nuestro principal objetivo en el seno del movimiento obrero es el de aumentar la confianza del proletariado en sus propias fuerzas y orientar sus luchas económicas, sin olvidar los objetivos inmediatos, hacia la acumulación de fuerzas necesaria para la construcción de alternativas políticas populares y revolucionarias que le permitan llegar a ser un sujeto político pleno como clase, un sujeto revolucionario. Este último aspecto es muy importante en España, donde está avanzando un proceso de unidad de la izquierda en torno a la defensa de un programa común de ocho puntos que propugna la superación de la monarquía y el establecimiento de una República Popular y Federativa.

Con estos objetivos siempre presentes, nunca debemos olvidar que, como señalábamos en nuestro Congreso de Reconstrucción, la mejor manera de afianzar los avances y garantizar la fuerza de la acción inmediata del movimiento obrero y sindical, es reforzar las filas de los comunistas porque, de esta forma, reforzaremos el destacamento que debe dirigir políticamente las luchas inmediatas en la perspectiva de superación del capitalismo y el triunfo del socialismo