Validez y actualidad de la Revolución de Octubre de 1917 para el siglo XXI
Bruselas, 4 - 6 de mayo del 2007
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La revolución de octubre, trascendencia y perspectivas
Por Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador
En los últimos años del siglo XX, los trabajadores y los pueblos, el socialismo, el marxismo sufrieron un revés histórico: fueron derrotados, cayó el llamado "socialismo real", fue derrocado el socialismo en Albania, varios procesos revolucionarios en marcha fueron desviados y o derrotados por los imperialistas y la reacción, se echaron abajo varios paradigmas, se produjo una gran reflujo en el proceso de la revolución mundial.
El capitalismo, los imperialistas y los reaccionarios tocaron trompetas de triunfo, proclamaron que eran el sistema superior de desarrollo de la humanidad, se declararon el principio y el fin de la ciencia y la democracia. Proclamaron el "fin de la historia y de las ideologías", pretendieron erigir, un mundo unipolar regido por los EE.UU., ofrecieron un "nuevo orden Internacional" en el que desaparecían las guerras y la injusticia, en el que se crearía una gigantesca riqueza que se repartiría democráticamente entre toda la humanidad. Declararon al socialismo como obsoleto, al marxismo como expresión de los dinosaurios, a la revolución como inviable, particularmente a la Revolución de Octubre, como un gran sacrifico que resultaba inútil para la resolución de los problemas sociales.
Estos acontecimientos y la altisonante campaña anticomunista del imperialismo, la reacción y el oportunismo incidieron en la conciencia, la organización y la voluntad de combatir de la clase obrera, de los pueblos y de la juventud; afectaron a las organizaciones revolucionarias, al pensamiento de izquierda; quitaron el piso a los oportunistas de izquierda que medraban del prestigio de la URSS de Lenin y Stalin y de las prebendas y canonjías que les prodigaba el socialimperialismo ruso y los revisionistas en el poder; conmovieron a los comunistas y a los partidos obreros, a los marxista leninistas. Una buena parte de los partidos revisionistas colapsaron, se dividieron, cambiaron de nombre. En el movimiento comunista internacional marxista leninista se registró también la confusión política e ideológica, las deserciones y aún la disolución de algunas formaciones.
El movimiento de los trabajadores y los pueblos, la lucha social, las organizaciones políticas de izquierda, los partidos marxistas sufrieron un gran embate que provocó confusión ideológica y política, dispersión política y organizativa, que devino en deserciones, desaliento y desmoralización en importantes sectores. Se anularon importantes derechos y conquistas democráticas de carácter social y político.
Los ideólogos del imperialismo y la reacción, los teóricos y políticos de la socialdemocracia y toda suerte de oportunistas de izquierda levantaron las tesis del fracaso del marxismo. Como que la Historia demostró que esas propuestas no tenían validez, como que no habría otra alternativa que buscar el bienestar social humanizando al capitalismo.
Estas circunstancias abonaron para que se difuminara, entre los propios trabajadores y los izquierdistas, la idea de que el socialismo, es decir el marxismo-leninismo no tenía vigencia, que la revolución había sido un fracaso y que había que buscar nuevos caminos, que era necesario ponerse a tono con los tiempos; este fue el pretexto y las razones para la deserción y el pesimismo; para la elaboración de una serie de teorías que dejaban de lado el legado histórico del marxismo leninismo.
En ese maremágnun y a pesar de la magnitud de la ofensiva ideológica del imperialismo y la reacción estuvimos los comunistas verdaderos, los marxista leninistas resistiendo el embate, afirmándonos concientemente en los principios y abriéndonos paso en las nuevas condiciones sin renunciar a nuestra naturaleza de revolucionarios proletarios. Esa posición nos ha permitido en el Ecuador y en otros países de todos los continentes constituirnos en protagonistas de la lucha revolucionaria contra el capitalismo, nos plantea el desafío de cumplir con la responsabilidad histórica de organizar y hacer la revolución.
I
El siglo XX fue escenario de grandes revoluciones sociales. Se inauguró la era de las revoluciones proletarias. Los trabajadores se "tomaron el cielo por asalto". En 1917, en la vieja Rusia, nació el mundo nuevo. Los trabajadores de la industria, la clase obrera, el proletariado alcanzaron su mayoría de edad, la característica de clase para sí; fueron protagonistas de los acontecimientos sociales más importantes de la historia de la humanidad, conquistaron el poder en varios países ( Para los años 60 del siglo pasado una cuarta parte de la humanidad vivía en el régimen socialista que se construía en un tercio de la superficie de la tierra); fueron actores y beneficiarios de grandes conquistas sociales y económicas; asumieron el control del Estado; organizaron la producción, de manera planificada, en función de las necesidades de la población; distribuyeron la riqueza conforme el trabajo; fueron equiparando las condiciones económicas, sociales, técnicas, culturales entre la ciudad y el campo; fueron activistas de grandes avances científicos que se pusieron al servicio de todas las clases trabajadoras.
Estas grandes hazañas de los trabajadores y los pueblos del mundo fueron guiados por la doctrina del socialismo científico, por el marxismo. Éste se desarrollo de mano con las grandes batallas de la clase obrera y con el trabajo teórico de los dirigentes revolucionarios proletarios, entre los que se destacó Lenin que, a la cabeza de los revolucionarios rusos y del partido comunista, contribuyó de manera decisiva al enriquecimiento del marxismo, elevándolo, en la teoría y en la práctica a los niveles de orientar y dirigir las luchas del proletariado en las condiciones del imperialismo.
Las grandes conquistas democráticas de los trabajadores en el mundo capitalista, los derechos de organizarse, de huelga, de acceder al trabajo, a la educación, a la salud, a la vivienda, a la seguridad social, al bienestar fueron también obra de los trabajadores y los pueblos, fruto del marxismo leninismo, convertido en praxis, en política de las masas trabajadoras.
Las luchas por la independencia nacional, toda la gran avalancha de los pueblos oprimidos que derrumbó el sistema colonialista erigido por los imperios y que sojuzgaba a millones de trabajadores y a decenas de países, fue también obra, fruto, resultado de la acción de los trabajadores guiados por la doctrina científica del proletariado, por el marxismo-leninismo; fue fruto de la acción valerosa de los pueblos oprimidos y sojuzgados por los imperios coloniales; fue consecuencia de la solidaridad y el apoyo de los trabajadores de todo el mundo y, desde luego los trabajadores en el poder, los Estados socialistas fueron una poderosa contribución y la segura retaguardia de esas luchas.
Importantísimos avances de las ciencias económicas y sociales, de las ciencias naturales, de la ciencia y la tecnología fueron obra de los trabajadores que conquistaron el poder. La asombrosa acción de la humanidad para penetrar al espacio extraterrestre, el inicio de los viajes siderales fue obra de las sociedades guiadas por el socialismo, por el marxismo leninismo.
La cultura tuvo un impulso extraordinario como consecuencia de que el socialismo, el marxismo leninismo desbrozaba los caminos y señalaba rumbos en las diversas áreas del hacer de la humanidad. La intelectualidad asumió en grandes magnitudes posiciones progresistas, de avanzada, revolucionarias de mano con su compromiso con las ideas emancipadoras del marxismo leninismo.
El método científico, dialéctico es reconocido por todas las ciencias como el más certero y justo para la investigación, para la interpretación de los fenómenos sociales y naturales. Es un gran aporte del marxismo leninismo cuya vigencia perdura por encima de sus detractores.
II
La Revolución de Octubre es fuente de grandes lecciones históricas:
La confirmación de la validez del marxismo leninismo como la doctrina revolucionaria de la clase obrera, como una guía para la acción.
La evidencia del carácter internacional de la clase obrera y del internacionalismo proletario.
La indispensabilidad de la utilización de la violencia revolucionaria por parte de la clase obrera y los pueblos
La necesidad, la capacidad y la posibilidad de que los trabajadores se conviertan en clase dominante y construyan la nueva sociedad, echen abajo el Estado capitalista y erijan el nuevo estado, el estado de los trabajadores, la dictadura del proletariado.
La responsabilidad de los trabajadores de colocarse a la cabeza de los pueblos en la lucha por la liberación nacional de los pueblos de la dominación del imperialismo al tiempo que, la incapacidad de la burguesía de jugar ese papel.
El papel indispensable del partido revolucionario del proletariado, del partido comunista en la tarea de organizar y hacer la revolución. La naturaleza de clase del partido en las concepciones y en la práctica.
La vigencia de la tesis leninista de la necesidad y posibilidad de romper la cadena de dominación del imperialismo por su eslabón más débil.
III
De manera intencional hemos colocado en último lugar, la cuestión del "eslabón débil".
Se trata de un problema de gran actualidad sobre el que se discute en las más diversas latitudes, sobre el cual se han asumido diversas posiciones.
Desde nuestro punto de vista, no se trata de un asunto de apreciación, de un problema secundario. De la posición que se tome sobre de esta cuestión se desprende la posición respecto de si la revolución es un problema planteado y por tanto, si todos los esfuerzos del partido y de la clase obrera y los pueblos se dirigen al cumplimiento de esa gran responsabilidad histórica.
La Revolución de Octubre puso en evidencia que las contradicciones que oponen a la clase obrera con los capitalistas y los imperialistas, no se expresan de la misma magnitud en todos los países, que en determinadas condiciones histórico-políticas, económicas y sociales se agudizan hacia situaciones extremas en unos países más que en otros; que corresponde a los revolucionarios proletarios, a los partidos comunistas, evidenciar ese desarrollo y actuar en correspondencia con él.
Esa fue una de las grandes contribuciones de los trabajadores rusos, del Partido Bolchevique y de la clarividencia de Lenin. Tener claro que las condiciones revolucionarias maduraban aceleradamente y de que era necesario involucrarse en ellas y darles direccionalidad.
Esta situación no expresa de ninguna manera el espontáneismo, como podría asumirse, aduciendo la necesidad de esperar esas condiciones para actuar. Todo lo contrario entraña una actitud y actividad militante en todos los terrenos de manera de contribuir al desarrollo de las condiciones subjetivas de la revolución, pero sobre todo, para poner en primer lugar, para la concepción y la práctica del partido, la cuestión del poder, de la necesidad de conquistarlo y en los hechos, cotidianamente, luchar por él.
En nuestros tiempos señalando las nuevas condiciones de desarrollo del imperialismo, la globalización o mundialización del dominio de los monopolios y del capital financiero hay quienes disciernen que la revolución no es posible de llevar adelante sino se desarrolla en escala internacional o continental, en el mejor de los casos. Para nosotros esa es una posición equivocada y en algunos casos, es la renuncia a la naturaleza de clase y a las responsabilidades del partido comunista.
La globalización es una circunstancia que debe ser tomada en cuenta, que no puede ignorarse pero que, en ningún caso, cambia la naturaleza de la dominación del capital, la ley del desarrollo desigual del capitalismo, la libre concurrencia, mismo que se desarrolle a nivel de los grandes monopolios, la inevitabilidad de las crisis económicas, la vigencia de la crisis general inaugurada por la Revolución de Octubre; en ninguna circunstancia torna invulnerable al imperialismo.
Ciertamente los niveles de dominación mundial del capital financiero, la expansión de los grandes monopolios desarrollan a nuevos niveles la expoliación imperialista de los países dependientes, la explotación del trabajo asalariado de miles de millones de trabajadores en todos los continentes. Todo esto significa que las condiciones materiales de hoy en día hacen más evidente el carácter internacional de la clase obrera, la naturaleza internacional de la revolución de los trabajadores, la necesidad de la unidad de los trabajadores y los pueblos en su lucha contra el imperialismo. Pero también, ese desarrollo extraordinario de las fuerzas productivas, a pesar de sus magnitudes y generalidad, no cambia el hecho objetivo de que la clase obrera se constituye como tal en cada país y libra su lucha en los marcos del estado nacional en el que se desenvuelve, que tiene planteada la tarea, en la gran mayoría de países, de la liberación social y nacional.
En las condiciones actuales, las situaciones de cada país interactúan activamente, con las situaciones de los países vecinos y aún, más allá de las áreas regionales. Sin embargo, el desarrollo de la organización de la clase obrera, de las otras clases y capas sociales trabajadoras, de los pueblos y naciones oprimidas; el desenvolvimiento de sus niveles de confrontación y lucha son evidentemente desiguales entre uno y otro país, incluidos aquellos que atraviesan circunstancias parecidas. Los procesos no se desenvuelven con la misma intensidad, tienen planteados problemas diferentes y requieren salidas cualitativamente diversas.
Esto quiere decir que las cadenas de la dominación imperialista, tal y como lo señalara Lenin, de la manera como lo evidenciara la Revolución de Octubre no se tensan de la misma manera e intensidad en todas las regiones y circunstancias; que existen situaciones, países y regiones en las que las contradicciones de clase y nacionales se agudizan y pudieran plantear las condiciones para el aparecimiento de una situación revolucionaria que debiera ser tenida en cuenta y aprovechada por las formaciones revolucionarias proletarias.
A nuestro entender, en los momentos actuales, se plantean las circunstancias de algunos eslabones débiles. Uno de ellos está situado en varios países de América Latina, pero en todos ellos. Es evidente que existen diferencias visibles entre todos ellos. Es también claro que pueden madurar rápidamente y interactuar entre ellos. Pero en cada uno, se desenvuelve la lucha revolucionaria con formas y niveles específicos.
En el Ecuador, la inflexión del movimiento revolucionario de la clase obrera y los pueblos tuvo incidencia significativa, pero fue superado en un tiempo relativamente corto, si se compara con lo ocurrido en otros países. A pesar de ello es evidente que el nivel de la lucha revolucionaria en Colombia y Perú, para hablar de los países vecinos tiene otras dimensiones y manifestaciones. Esto quiere decir que los procesos revolucionarios de estos y otros países tienen el factor común del desarrollo, de que se rebasó el reflujo. Por encima de la voluntad de los revolucionarios, esos procesos tendrán desenlaces diferentes, en tiempos diversos. Los comunistas de cada uno de estos países debemos apoyarnos mutuamente, entender en los hechos, la naturaleza y la práctica del internacionalismo proletario, pero en ningún podemos y menos debemos subordinar nuestra lucha al desarrollo de los combates revolucionarios en otros países.
Cuando nosotros hablamos de que se puede y debe romper la cadena de la dominación imperialista por su eslabón (eslabones) más débiles insistimos en que la tarea y la posibilidad de la revolución está planteada en todos los países, que la cuestión del poder atraviesa la línea y la actividad de todos los partidos comunistas, que es consustancial a su razón de ser.
Si luchamos por el poder, si nos proponemos derrocar el capitalismo y el imperialismo toda nuestra actividad, sindical y política, democrática y antiimperialista debe estar organizada y dirigida a acumular fuerzas en esa dirección.
Esto significa trabajar por fortalecer y desarrollar el partido comunista, estrechar los vínculos de unión entre el partido y la clase obrera, entre el partido y las otras clases trabajadoras, entre el partido y la juventud. Quiere decir afirmar el partido en los principios del marxismo leninismo y demarcar posiciones con el oportunismo y el revisionismo; construir un partido para la guerra revolucionaria, para combatir y derrotar al capitalismo y al imperialismo. Exige laborar diariamente por la organización sindical y política de la clase obrera y las masas, educar a los trabajadores y los pueblos en los propósitos de conquistar el poder y construir el socialismo.
Ser consecuentes con las enseñanzas de la Revolución de Octubre, con la tesis leninista del eslabón débil significa, en los hechos asumir la tarea de organizar y hacer la revolución.
IV
El marxismo leninismo, sus principios revolucionarios, su método, sus realizaciones son patrimonio de los trabajadores, de la humanidad, constituye un gran legado histórico y no fracasó, fue derrotado por la superioridad numérica de los capitalistas y por los errores que cometieron los revolucionarios, los partidos y organizaciones que lo asumieron como guía.
El marxismo leninismo es la doctrina ideológica y política del proletariado revolucionario, es un sistema científico, un instrumento para explicar el capitalismo, para diseccionarlo, una guía para transformarlo. No es un dogma. No puede ni debe aplicarse mecánicamente en los diversos procesos sociales, investigativos y científicos. Es un conjunto de principios que se desarrolla conforme se desarrolla la realidad, la naturaleza, las fuerzas productivas, las ciencias naturales, la investigación y la experimentación científicas, está en permanente desarrollo y en el futuro, asumiendo las experiencias, las victorias y las derrotas arribará a nuevo estadio como fruto de la acción de los trabajadores y de la sistematización y abstracción que elaboren los propios revolucionarios.
Podemos afirmar que el marxismo leninismo fue válido para explicar e interpretar el mundo, sirvió de guía para la ciencia y las revoluciones y continúa vigente para conducir a los trabajadores y a la humanidad a la emancipación, a la sociedad sin clases.
Ecuador, abril de 2007