Contribución al XV Seminario Comunista Internacional
"Experiencias pasadas y presentes en el movimiento comunista internacional"
Bruselas, 5 - 7 de mayo del 2006
www.icsbrussels.org , ics[at]icsbrussels.org
La clase obrera y la juventud actores fundamentales del cambio revolucionario al socialismo
Partido Comunista Marxista-Leninista del Ecuador (PCMLE)
La clase obrera, los trabajadores y los pueblos del mundo enfrentamos a un enemigo común, el sistema capitalista-imperialista que ha llegado a su fase última de desarrollo y busca, por todos los medios, alargar su existencia incrementando el saqueo de los países dependientes y la explotación de millones de seres humanos.
Este sistema está afectado por una grave crisis que sacude al mundo entero. Sus orígenes están en su estructura económica y sus efectos y manifestaciones se reflejan, con violencia, en las esferas política y social. Se trata de una crisis general, propia de la naturaleza del sistema imperante, que solo podrá ser resuelta poniendo fin a su fuente de origen: el mismo sistema capitalista.
Frente a las secuelas económicas y sociales que surgen del capitalismo, el descontento y combate de los trabajadores y pueblos, de manera especial y alentadora de la juventud, van en aumento y se expresan en las múltiples luchas que se levantan en todos los continentes, contra las políticas de recolonización imperialista, de control hemisférico, neoliberales, privatizadoras, de flexibilización laboral, de ocupación militar, de sometimiento y explotación. Los pueblos pelean en defensa de sus recursos naturales, de la soberanía, de los derechos democráticos, por cambios sociales y revolucionarios, por un nuevo sistema, tienen en su perspectiva el socialismo.
En estos últimos años, particularmente luego de los atentados ocurridos en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, el mundo es testigo y víctima de una nueva ofensiva militarista acaudillada por el imperialismo yanqui, que busca afirmarse como potencia hegemónica, aprovecharse de las riquezas de los países que ocupa militarmente, expandir su presencia y control político militar a nuevas regiones. Afganistán e Irak fueron las primeras víctimas de esta ofensiva, pero tiene otros países y pueblos en la lista.
Sin embargo, la política de terror implementada por el gobierno de Bush ha producido un efecto distinto al esperado. Ha despertado la movilización de millones de seres humanos que se levantan, sin temor, en rechazo a la guerra imperialista y en solidaridad con los movimientos de liberación que surgen y se desarrollan en los países intervenidos.
Hay un desarrollo de la organización, de la conciencia política y antimperialista y de la lucha de los trabajadores y los pueblos en todo el mundo. Las luchas de liberación nacional de los pueblos irakí y palestino, los combates de los trabajadores y la juventud francesa, la irrupción multitudinaria de los más explotados de los explotados, como calificara ayer un compañero al movimiento de los trabajadores migrantes en Estados Unidos; los combates de los pueblos latinoamericanos en contra de los gobiernos burgueses y corruptos entregados al imperialismo, llegando incluso a derrocarlos; la acción denodada de fuerzas revolucionarias insurgentes como las de nuestro vecino país, Colombia; Las victorias electorales de las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda en varios países de América Latina; la resistencia y el combate heroico de los hermanos pueblos cubano y venezolano a las presiones y agresiones del imperialismo yanqui, son unas pocas expresiones de aquello. Muestran que aquel reflujo que afectara al movimiento popular y revolucionario y particularmente al movimiento obrero, en los años 90, quedo atrás.
Luchar por el socialismo dejo de ser baldón, como pensaban algunos, para reafirmarse nuevamente como esperanza, perspectiva y destino insustituible para la liberación de los trabajadores y los pueblos. Vivimos momentos de ascenso de las fuerzas de izquierda y de la lucha revolucionaria, que es obligación de los comunistas convertir en auge, en crisis revolucionaria, en revolución social del proletariado, haciendo uso legítimo, para alcanzar ese objetivo, de la combinación de todas las formas de lucha a las que tienen derecho los trabajadores y los pueblos.
Al agudizamiento de la lucha de clases, de la confrontación, cada vez más aguda, entre explotados y explotadores; entre los pueblos y el imperialismo, debemos sumar los efectos que produce en la crisis del capitalismo, la disputa interimperialista, las maquinaciones de los diversos países imperialistas que solos o en bloques económicos y militares, pelean entre si por mantener y ampliar sus zonas de influencia y control. Disputas interburguesas e interimperialistas que deben, también, ser aprovechadas por los revolucionarios en beneficio de nuestro proceso.
Ecuador es parte de uno de los eslabones débiles
en la cadena de dominación imperialista.
Latinoamérica es una fuente de luchas, movilizaciones y acciones populares que acentúan la crisis de la burguesía y el imperialismo, desequilibrando su dominación.
Particularmente en la Región Andina se evidencia una prolongada crisis política y una alta conflictividad. Los pueblos cuestionan y combaten la dominación del imperialismo norteamericano y de las clases dominantes criollas; crece aceleradamente el desprestigio de la institucionalidad burguesa y sus gobiernos se deslegitiman rapidamente. Por otro lado, el desarrollo de la lucha armada en Colombia, la recuperación del movimiento de masas, el desgate de Uribe y el crecimiento de la tendencia de izquierda; el avance y radicalización de las posiciones democráticas y antiimperialistas en Venezuela; los poderosos levantamientos populares y movilizaciones que han destituido sucesivamente a tres mandatarios en Ecuador y a uno en Bolivia y el triunfo de Evo Morales, configuran un escenario que podemos caracterizarlo como el de un eslabón débil en la cadena de dominación del imperialismo, concepto marxista – leninista que prefigura el aparecimiento de condiciones, donde la dominación del imperialismo se encuentra resquebrajada y muy golpeada por efecto de la crisis y de la activa acción y movilización de los pueblos y de sus fuerzas revolucionarias, por lo que dicha dominación, aquí, puede sufrir una ruptura.
El imperialismo es conciente de esta situación y para conjurar la misma ha diseñado planes de intervención económicos, politicos y militares como el plan Colombia, los tratados de libre comercio, las reformas políticas de supuesta gobernabilidad democrática, orientados a engañar y desmovilizar a las masas.
En Ecuador, los vientos soplan a favor de la revolución
El Ecuador como país capitalista, dependiente del imperialismo, no escapa a esta grave crisis que tiene, entre otras expresiones, un acelerado deterioro de las condiciones de vida de las masas trabajadoras y particularmente de la juventud; un acentuamiento de la explotación capitalista que aprovechó el reflujo, para cercenar o limitar importantes derechos laborales; un incremento de la desigualdad social expresada en el hecho de que el 10% de la población más pobre apenas accede al 1% por ciento de la riqueza social, mientras el 10% más rico accede al 45%, lo que lo convierte al Ecuador en el segundo país más desigual de America Latina, donde el 80% se encuentra en la pobreza y la mitad de ellos en la indigencia.
Un país en donde las masas trabajadoras enfrentan el hambre y el desempleo que se extienden por todo el territorio obligando, desde la crisis bancaria de 1999, a la emigración forzosa de 30% de la población productiva, esto es, más de un millon de ecuatorianos. Miles de familias no tienen un techo o un lugar para vivir dignamente; más del 50% de niños y jóvenes en edad de estudiar no tienen acceso a la educación; la pobreza niega el acceso a los servicios de salud, en fin, podríamos seguir enumerando calamidades sociales.
Pero, el aspecto más saliente, es la grave y sostenida crisis política que corroe al Ecuador. Las instituciones del Estado oligárquico y corrupto (Ejecutivo, Legislativo, Cortes de Justicia, FFAA, Policía, Iglesia, medios de comunicación reaccionarios) enfrentan un gran desprestigio, al punto que el parlamento burgués, apenas alcanza un pírrico 4% de credibilidad, por ello el interés del gobierno actual de remozarlas, barnizarlas de un matiz democrático para asegurar la dominación burguesa. A ello apuntan los programas de modernización y de reforma política.
Es en este escenario, donde las fuerzas revolucionarias y particularmente el partido de la clase obrera nos esforzamos por cumplir nuestro papel de organizadores y conductores del proceso revolucionario, conscientes de que si bien nos hemos desarrollado y crecido, no lo hemos hecho en los niveles que nos permitan capitalizar las sucesivas crisis políticas para la materialización de nuestro objetivo estratégico, la instauración del poder popular y la construcción del socialismo.
Una institucionalidad desprestigiada, un movimiento popular que crece y se desarrolla en conciencia, organización y niveles de movilización, dibujan una situación favorable para el movimiento revolucionario, pero nos exigen trabajar más y mejor en la acumulación de fuerzas, que para nosotros implica atender tres elementos esenciales: Construir un Partido Marxista Leninista grande y experimentado, capaz de dirigir el proceso emancipador; un poderoso Movimiento Revolucionario de Masas y nuestras propias fuerzas armadas que, en unidad de acción, nos aseguren la posibilidad de un proceso insurreccional victorioso.
El Trabajo en la Clase Obrera y en la juventud constituyen dos pilares fundamentales para avanzar en la construcción del movimiento revolucionario de masas.
Sostenemos que el triunfo de la revolución se asegura si se cuenta con un poderoso movimiento revolucionario de masas que tenga en la mira la conquista del poder popular y la construcción del socialismo. Quien tiene a las masas de su lado gana la guerra por el poder, y nuestra actividad está orientada a ganar a las masas decisivas y esas masas son los trabajadores, los pueblos del Ecuador y la juventud.
Cuando hablamos de movimiento revolucionario en la clase obrera y la juventud, nos referimos al sector que ha comprendido la necesidad de luchar no solamente por sus reivindicaciones materiales y políticas inmediatas, sino, sobre todo, en contra de la dominación y explotación imperialista y burguesa y por conquistar el poder popular.
Este movimiento se expresa en las distintas acciones que se desarrollan en medio del enfrentamiento de clases, en la lucha callejera, en la huelga obrera y estudiantil, en la toma de tierras para el trabajo o vivienda, en el comportamiento electoral sufragando a favor de la izquierda revolucionaria y de muchas maneras más. Y lo hace entendiendo que se tratan de batallas necesarias de enfrentarlas y ganarlas, en el propósito de salir victoriosos en los combates finales y definitivos.
Con el propósito de construir ese movimiento nuestro partido diseñó hace algún tiempo una política que apuntaba a la organización y politización de la Clase obrera y la Juventud, actuando en varios niveles: 1. Buscando ganar la hegemonía y dinamizar las organizaciones naturales de las masas, tanto de la Clase obrera, como de la juventud, en principio estudiantil secundaria y universitaria. 2. Construyendo nuestras propias fuerzas: a) en el caso de la Clase Obrera, nuestra propia Central, una vez que llegamos a la conclusión de que las cuatro centrales sindicales que existían en nuestro país estaban comprometidas y manipuladas de tal manera que impedían el desarrollo de un movimiento revolucionario en la clase obrera y mediatizaban su lucha y b) en el caso de la juventud construyendo una organización juvenil revolucionaria de masas, pero adherida, suscrita a la ideología marxista leninista que aglutine a miles de jóvenes militantes en su organización y 3. Trabajando con la ofensiva ideológica y con la agitación política, para el conjunto de la clase obrera, más aun cuando como resultado de la ofensiva reaccionaria, esta se encontraba mayoritariamente fuera de la organización sindical y en el caso de la juventud, en cambio, nos propusimos extender sus raíces y organización más allá de la juventud estudiantil, poniendo especial énfasis en los sectores empobrecidos de la juventud campesina, indígena y barrial.
Muchas visicitudes hemos pasado en este proceso de organización, tuvimos importantes aciertos pero también errores que debimos y deberemos rectificar, sin embargo, una cosa es cierta, tanto en la Clase obrera como en la juventud contamos hoy con dos poderosos instrumentos para la acción política revolucionaria en sus respectivos sectores, partiendo de sus condiciones y necesidades concretas.
En el caso de la Clase Obrera hemos podido construir, desarrollar y afirmar la central obrera revolucionaria hasta convertirla, desde el punto de vista cuantitativo, en la segunda en importancia en el país y, desde el punto de vista cualitativo, en el referente mas consecuente y movilizado de la clase obrera y en el punto de apoyo para la unidad y la acción con el conjunto de la clase y con las otras organizaciones obreras, sobre todo con sus bases que anhelan la unidad, sienten la necesidad de una Central Única de Trabajadores y reclaman con urgencia la necesidad de acciones reivindicativas y políticas que la configuren como lo que es, clase de vanguardia.
En el caso de la juventud, sus componentes provienen de los sectores juveniles explotados y discriminados e interesados en la transformación social: vienen de los trabajadores, del campesinado, de las nacionalidades y pueblos indígenas, de los estudiantes, de quienes enfrentan la desocupación. Participan en su organización, además de los jóvenes específicamente responsables, todos los comités y células del Partido y, en general, todas las fuerzas y organizaciones que con su trabajo político abren la conciencia revolucionaria en la juventud y la organizan con el propósito de luchar por el poder popular y el socialismo.
Inmersos y en condición de actores destacados de los acontecimientos políticos y sociales que se desenvuelven en nuestro país, los jóvenes que militan en la JRE levantan la lucha por las reivindicaciones políticas y materiales de la juventud y el pueblo, por sus derechos democráticos, contra la dominación imperialista, por el cambio revolucionario, por el socialismo. Bajo estas banderas, amplios sectores de la juventud, se incorporan al combate, asumen las posiciones más avanzadas y revolucionarias.
Precisamente, en estos días, tanto la Clase obrera, agrupada en la Unión General de Trabajadores del Ecuador, expresados en el vigor de los trabajadores petroleros tercerizados, así como también de los trabajadores en general, agrupados en otras centrales, aunque en menor proporción; como los jóvenes estudiantes dirigidos por sus organizaciones estudiantiles FESE (secundarios) y FEUE (universitarios), con la JRE al frente, han sido protagonistas de luchas trascendentes, altas y generalizadas, que terminaron con una importante victoria que refleja la reanimación del movimiento de masas, particularmente obrero, y el desarrollo de su conciencia política y antiimperialista.
En el caso de la clase obrera, después de algunos años se vuelve a producir una huelga general que incorpora militantemente a sectores de trabajadores de la industria privada, con la particularidad de que esta lucha, además de pelear por el salario, incorporó como un elemento esencial, dos banderas antiimperialistas de gran importancia en el Ecuador, como son: la oposición a la firma del tratado de libre comercio TLC con los Estados Unidos y la expulsión de la transnacional petrolera OXI, lo que le da a esta lucha una característica marcadamente política.
En el caso de la juventud ocurrió lo propio, las masivas movilizaciones que desembocaron en el paro nacional estudiantil, con elevados niveles de combatividad, pero también de represión, tuvieron como eje reivindicativo la expedición del carné estudiantil y la no elevación del pasaje, pero junto a esas reivindicaciones, la oposición al TLC y la salida de la OXI.
Lo fundamental de este movimiento son las ideas revolucionarias, las concepciones y propósitos que guían su actividad. Por supuesto, asumimos como parte de este movimiento a los sectores progresistas y democráticos que, a medida que las fuerzas de la revolución fortalecen sus posiciones, aquellos radicalizan también su actividad. El trabajo de estos sectores contribuye a debilitar y golpear la fuerza de los detentadores del poder.
Su construcción es un proceso que depende de la fuerza de la vanguardia, de su capacidad de dirección política y de su predisposición a la acción práctica. Es un proceso ideológico, político y orgánico diverso y complejo, que exige un trabajo incesante, diario de organización, formación y asimilación revolucionaria para que tenga estabilidad y continuidad. El movimiento lo construimos desde la base, con el contacto y debate diario con las masas, con sus problemas y reivindicaciones, entendiendo su particularidad que nos obliga a desarrollar una acción diferenciada y diversificada. Y cuando hablamos de particularidad nos referimos a las circunstancias naturales de ser obrero o jóven y a las que expresan la idiosincrasia de los pueblos.
La construcción del movimiento revolucionario tienen como condición indispensable el combate a la presencia de la ideología y el pensamiento socialdemócrata y de derecha que existe al interior del conjunto del movimiento de masas, cuyas ideas se expresan en posturas pacifistas y conciliadoras que priorizan el diálogo y no la lucha, que abogan por la concertación entre los explotados y explotadores, con lo que buscan anular la perspectiva revolucionaria en las masas.
Estas ideas que al momento son las fundamentales en el movimiento de masas, deben ser desplazadas y derrotadas, con una intensa ofensiva ideológica y política revolucionaria que apunte a construir una corriente de pensamiento democrático, patriótico, antiimperialista, revolucionario y de izquierda al interior del movimiento de masas, que avanzará, se convertirá en tendencia y en la fuerza rectora del movimiento, que finalmente será un afluente importante de la lucha revolucionaria, un actor fundamental para la conquista del poder popular.