Contribución al 12° Seminario Communist International
El Partido Marxista-Leninista y el Frente Anti-Imperialista ante la Guerra
Bruselas, 2-4 de mayo, 2003

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Partido Comunista de Japón (Izquierda)

Lecciones de la lucha contra los Estados Unidos y contra la guerra en Japón

1. Situación

Hoy en día el mundo vive la situación más agitada que hemos conocido desde la Segunda Guerra mundial. Se ha entrado en una nueva fase de crisis, de guerra y de revolución. El imperialismo americano está en declive, sobretodo en el plano económico. Hasta ahora, esta superpotencia ha reinado en el mundo gracias a la supremacía de su fuerza militar, a la fuerza del dólar americano y al control de los recursos petroleros. Hoy en día, la dominación unipolar de Estados Unidos se hunde.

La lucha de los trabajadores y del pueblo contra los Estados Unidos y contra la guerra está tomando un giro sin precedentes, de amplitud mundial, y alcanza incluso a los Estados Unidos. Mientras tanto, las contradicciones entre las diversas potencias imperialistas se intensifican. Estas circunstancias han puesto contra las cuerdas a la administración Bush y le han hecho tan salvaje que, estando acosada por los pueblos del mundo entero, ha desencadenado, con la colaboración de Gran Bretaña, una guerra de agresión contra Irak para la redivisión del mundo.

(1) ¿Cómo debe ser considerada esta guerra dirigida por Estados Unidos?

En el transcurso de esta guerra contra Irak los Estados Unidos han desvelado plenamente su carácter despiadado. Han efectuado bombardeos indiscriminados y han utilizado diversas clases de armas de destrucción masiva, como las bombas de fragmentación y municiones con uranio empobrecido, combatiendo como si fueran los "campeones de la libertad y de la democracia" y pretextando querer eliminar la "amenaza de las armas de destrucción masiva" y servir a la causa de "libertad de Irak, la liberación del pueblo iraquí y la democratización del medio Oriente".

Los pueblos de los países árabes, el Medio Oriente y el mundo exigen que Estados Unidos y Gran Bretaña pongan fin a esta guerra. Más que nadie es el mismo pueblo iraquí el que se opone firmemente a la invasión militar. ¿Cómo el hecho de invadir militarmente Irak, una nación independiente y soberana, de pisotear su soberanía nacional y de instalar un gobierno colonial podría considerarse una "guerra de liberación del pueblo iraquí"?. ¡El pueblo iraquí no tolerará ni aceptará jamás este tipo de argumento!.

La administración Bush ha admitido considerar cualquier opción en su ataque contra Irak, incluyendo el recurso a las armas nucleares. Igualmente ha declarado públicamente que se encargaría de ocupar Irak haciendo un modelo de "democratización " a la japonesa, como la ocupación de Japón por Estados Unidos después de la Segunda Guerra mundial. Esto es un insulto al pueblo japonés. El imperialismo americano lanzó bombas atómicas sobre Hirosima y Nagasaki a fin de masacrar a centenares de miles de inocentes bajo el pretexto de "reducir al mínimo las víctimas y poner fin cuanto antes a la guerra insensata provocada por el militarismo japonés". Una cosa salta a los ojos: la única finalidad de estos actos no era llevar "la libertad y la paz", sino únicamente invadir y ocupar Japón para convertirlo en un trampolín militar desde donde lanzar guerras de agresión en Asia, conforme a la estrategia global contrarrevolucionaria de Estados Unidos.

La agresión militar contra Irak, dirigida por Estados Unidos, no busca de ninguna manera la "liberación de Irak" ni la "democratización de Medio Oriente". Sus objetivos son claramente otros. El imperialismo americano tiene la intención de apropiarse de los recursos petroleros del país – el segundo del mundo en términos de reservas petroleras-, asegurando de esta manera ganancias colosales a la industria militar y a las sociedades de construcción de Estados Unidos, y de instalar un gobierno proamericano con el objetivo de afirmar la supremacía americana en toda la región. Además, después de Irak, la administración Bush alimenta planes de invasión de Siria, Libia e Irán, quiere derrocar al régimen saudí y provocar una guerra contra Corea del Norte. Además tiene intención de entrar en guerra contra China y Rusia. La ambición del imperialismo americano es colonizar el planeta entero derrocando militarmente a todos sus Estados soberanos.

El imperialismo americano se ha sacado su "estrategia de globalización" para la dominación del mundo después del hundimiento de la Unión Soviética en 1991. Esta estrategia quiere obligar a todos los países, por la fuerza de las armas, a aceptar los principios de la economía de mercado y las "normas americanas" o, en otras palabras, a levantar las barreras sobre el comercio y las inversiones de capital y a aplicar las "reformas y ajustes estructurales" en la industria, de manera que el capital americano pueda inundar el mercado mundial.

Junto con esta estrategia de dominación mundial, el imperialismo americano se ha asegurado el control de todos los sectores industriales como las finanzas, las comunicaciones, la producción de energía, la construcción, la distribución, los transportes, la agricultura, la explotación minera, etc. en muchos países. Ha obligado a otras naciones y pueblos a sacrificarse, vía los despidos y el paro masivo, la destrucción de su agricultura y pesca, la quiebra de su economía nacional y la acumulación incesante de deudas. De esta manera ha saqueado las riquezas de otras naciones y pueblos, hundiéndolos en la pobreza, disfrutando así de una "prosperidad sin precedente".

Sin embargo, esta "prosperidad", que como "estrategia de la globalización" duró diez años, se saldó con un fracaso, por el declive de la industria de las redes informáticas y el reventón de las burbujas económicas dependientes de los elevados precios de las acciones bursátiles. La crisis económica en Estados Unidos ganó todavía en intensidad. Vista la situación, el imperialismo americano adoptó la política de guerra de la administración Bush, política que se puede ya considerar como la segunda fase de la "estrategia de la globalización". Esta política tiene por objetivo conquistar las naciones y los pueblos reticentes recurriendo a presiones militares e incluso a la guerra, dominar política y económicamente el mundo y "americanizarlo". Es una política atroz, que suscita además gran preocupación sobre el declive histórico del capitalismo americano.

Aplicando esta línea política, la administración Bush ha desencadenado su agresión contra Irak. Nosotros nos hemos opuesto con gran firmeza a esta guerra imperialista de agresión absolutamente injusta.

El pueblo iraquí se ha enfrentado a las tropas americanas y británicas con la noble intención de defender su patria contra los agresores. Al comienzo, Estados Unidos pensaba, no sin vanidad, que el régimen de Sadam Hussein iba a capitular sin condiciones cara a su operación "shock and awe" (choque y temor) y a la sublevación del pueblo iraquí, y que éste iba a acoger a sus tropas como "liberadores". Sin embargo, contra sus expectativas, todo el país se ha transformado en una región sin ley y se han producido escisiones entre los grupos hostiles a Sadam Hussein, algunos de los cuales manifiestan una clara hostilidad hacia los ocupantes. No hay programa definitivo en cuanto a la instalación de un gobierno provisional proamericano en Irak. El régimen de Sadam Hussein ha caído como consecuencia de la agresión de las tropas americano-británicas. Pero la invasión y la ocupación van a atizar aún más el profundo sentimiento de frustración del pueblo iraquí y de otros pueblos del Medio Oriente y de los países árabes. En medio de todas estas luchas, los Estados Unidos van a continuar atascándose hasta el momento en que no encuentren ya salida.

Nadie puede parar el curso de la historia que dice que "las naciones quieren su independencia y los pueblos quieren su liberación". Los zigzags pasajeros son inevitables. Pero es el poder del pueblo el que decide el curso de la historia, cualquiera que sea la brutalidad de las armas a disposición del imperialismo.

Si el pueblo está unido en su sublevación, el agresor será vencido sin duda. Esta verdad se confirma en las experiencias históricas de la revolución cubana, de la guerra de Corea y de la guerra de Vietnam. El pueblo iraquí y los otros pueblos del Medio Oriente y el mundo entero pasaran por una mala experiencia en esta lucha y acumularán fuerza suficiente para que la revolución socialista y de liberación nacional llegue a eliminar el imperialismo, causa primera de las guerras.

(2) El gobierno japonés de Koizumi apoya la guerra de agresión contra Irak dirigida por Estados Unidos

El gobierno Koizumi ha hecho todos los esfuerzos posibles para apoyar a la aislada administración Bush. Ha ignorado que la mayoría aplastante del pueblo japonés y de los otros pueblos de mundo se han opuesto a la guerra en Irak. Esta guerra ha mostrado claramente la fuerte estructura de subordinación de Japón a Estados Unidos así como la verdadera naturaleza del gobierno antinacional de Koizumi.

El gobierno Koizumi ha hecho saber abiertamente, vía el embajador de Japón en Naciones Unidas, que urgía al Consejo de Seguridad de la ONU adoptar una resolución en favor del recurso a la fuerza militar contra Irak, incluso si la ONU estaba aún discutiendo el programa de sus inspecciones relativas a las armas de destrucción masiva. Después iba a apoyar la agresión militar contra Irak sin que hubiera habido una nueva resolución de las Naciones unidas. El Primer ministro Koizumi pronunció un discurso incoherente en la Dieta (Parlamento Nacional), optando por la guerra más que por la paz. Dijo: "Hacer política siguiendo a la opinión pública puede ser un error". (Según un sondeo de opinión pública, más del 80% de la población se oponía a una agresión militar contra Irak). Este simple hecho probó que no representaba al pueblo japonés.

El gobierno Koizumi se ha postrado ante los Estados Unidos, que tiraron bombas atómicas para matar a centenares de miles de inocentes en Japón y ha adoptado una conducta opuesta a los pueblos del planeta.

El gobierno Koizumi no ha dejado de someterse a las exigencias de la administración Bush. Por ejemplo, envió barcos de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (FAD) para apoyar la guerra de agresión contra Afganistán y, en varias ocasiones, alargó su misión. Incluso ha enviado un barco de guerra Aegis que ha sido incorporado a la V Flota americana bajo el Mando Central responsable de las operaciones militares contra Irak.

El gobierno Koizumi parece aceptar el pago de más de 2.000 mil millones de yenes (17 mil millones de dólares USA) como parte del coste de la guerra para la administración Bush. Declara además que Japón enviará efectivos de sus FAD con el fin de ayudar a los Estados Unidos en sus operaciones militares tras el conflicto y que asumirá igualmente una parte de los gastos previstos en los proyectos de "reconstrucción" en Irak.

El gobierno Koizumi juega también un papel en el programa americano de agresión contra Corea del Norte. Describe ese país como extraño y misterioso y tiene la intención de comprar misiles crucero y misiles interceptores a los Estados Unidos. Ha hecho lanzar incluso un satélite de reconocimiento militar. Fomenta la hostilidad y el chovinismo cara a la nación coreana y prevé incluso instaurar una "legislación de urgencia" sacando partido del "secuestro de ciudadanos japoneses por Corea del Norte". Según los proyectos de ley, ya enviados a la Dieta, las leyes marciales permitirían a las FAD iniciar un ataque preventivo si el gobierno reconociera el peligro de una agresión militar contra Japón y autorizara a las fuerzas americanas en Japón, así como a las FAD, a expropiar terrenos e instalaciones en caso de urgencia. La ley de protección de la vida de los ciudadanos colocaría bajo control cada sector vital de la población, como la alimentación y la producción. Esto recuerda a la ley de movilización general de la época de la Segunda Guerra mundial. El Gobierno prevé hacer pasar estos proyectos de ley durante la presente sesión de la Dieta.

Mientras tanto, el gobierno Koizumi multiplica los ataques contra el pueblo japonés, buscando aplicar reformas estructurales bajo la dirección de Estados Unidos.

Bajo el pretexto de tratar más rápidamente con las deudas, el gobierno urge a los bancos a tomar medidas para la reducción de sus propias deudas. Pero estas medidas han llevado a muchas compañías modestas a la quiebra y han echado a la calle a centenares de millares de parados. Hoy en día millones de jóvenes japoneses están a la caza de un empleo.

El gobierno se sirve del alto paro como pretexto para introducir trabajadores mal pagados y subempleados, como los contratados a tiempo parcial, trabajadores subcontratados y temporales en el proceso de producción a fin de reducir considerablemente el nivel de los salarios e imponer ritmos tan exhaustivos y agotadores que terminarán por matar a los trabajadores.

El gobierno ha abolido los subsidios a los agricultores reduciendo la superficie dedicada al cultivo del arroz, acelera la liberalización de la producción y distribución del arroz y aplica nuevas restricciones a la Ley sobre las Tierras Agrícolas con el objetivo de permitir a las grandes sociedades adquirir estas tierras. Estas medidas van a destruir completamente la economía de tres millones de pequeños agricultores.

El gobierno aplica también restricciones al sistema sanitario, al sistema de seguros de desempleo y al sistema de pensiones públicas y aumenta los impuestos y las primas de seguros. La población va a ser saqueada y continuará así empobreciéndose.

El gobierno impone un plan de racionalización a las municipalidades mezclando ciudades, villas y pueblos, recorta drásticamente los presupuestos de ayuda social, de salud y de enseñanza y reorganiza las administraciones locales de manera que puedan responder a las necesidades de los tiempos de guerra.

El gobierno modifica drásticamente el sistema escolar con el fin de acelerar la privatización y americanización de la educación. Ensalza a los Estados Unidos, propaga una cultura decadente y quiere crear una nueva generación tan egoísta que pueda matar sin el menor sentimiento.

Las reformas estructurales generales mencionadas están destinadas a facilitar la absorción de la economía japonesa por el capital americano y a sacrificar en provecho de Estados Unidos a nuestra población empobrecida y a sus hijos como si se tratara de carne de cañón barata. En este contexto, estas reformas se encuadran en la estrategia de globalización del imperialismo americano, una estrategia para la guerra y el dominio del mundo.

(3) Combatir los ataques del enemigo que quiere arrancarnos nuestra columna vertebral.

El imperialismo americano refuerza su control sobre Japón mientras que el capital monopolista japonés, enemigo de la nación, y el gobierno Koizumi están cada vez más subordinados a Estados Unidos. En estas condiciones la sociedad japonesa sufre un proceso de ruina y declive. Su situación de colonia se agrava progresivamente en todos los aspectos – político, económico, cultural y educativo- y su clima social no deja de deteriorarse. El sentimiento de profunda frustración experimentado por decenas de millones de personas se extiende en toda la sociedad japonesa. Las contradicciones nacionales y sociales se han agravado hasta el extremo. Los ciudadanos japoneses están indignados más que nunca por la arrogancia del imperialismo japonés en su política y por el servilismo del gobierno Koizumi cuando se postra delante de su amo americano y destruye el tejido político, económico, cultural y educacional de Japón. Cada vez hay más opiniones y movimientos hostiles a la guerra de agresión contra Irak. Pero una lucha de gran amplitud contra la guerra no ha aparecido aún. Los activistas avanzados están profundamente preocupados por la cuestión de saber cómo deberían romper esta situación y cómo el pueblo japonés debería cumplir sus deberes internacionales.

Existen también foros de discusión a propósito de la columna vertebral de la nación japonesa. Estas gentes piensan que el problema más grave reside en el hecho de que se ha roto esta espina dorsal. El gobierno Koizumi y los mass-media burgueses propagan opiniones del estilo: "la guerra es un mal, pero no podemos hacer otra cosa más que ayudar a Estados Unidos", o incluso: "La alianza entre Japón y Estados Unidos tiene prioridad. No tenemos elección", o: "Nosotros no podemos salir adelante sin los Estados Unidos". Se dedican a ataques sistemáticos queriendo socavar el espíritu de independencia nacional. Es de lo más importante hacer caso omiso de esta opresión ideológica si se quiere renovar el movimiento obrero y popular en Japón.

Durante la Segunda Guerra mundial, el imperialismo americano sacó provecho del aspecto antifascista de la guerra para entregarse a una impostura sin nombre haciéndose pasar por una "fuerza de liberación a favor de la paz y la democracia" oponiéndose al fascismo y al militarismo. Después de la guerra ha ocupado exclusivamente Japón y lo ha dominado totalmente. Esta situación ha permanecido sin cambio hasta ahora. Japón es uno de los países que tiene la mayor concentración de bases militares americanas como, por ejemplo, la base de Okinawa. Un país que alberga fuerzas militares extranjeras no es independiente. Es un problema grave que el movimiento revolucionario y, por consiguiente, el movimiento de trabajadores y a favor de la democracia, haya sido erosionado por la línea revisionista moderna que consideraba al imperialismo americano como un "vector de paz y democracia" y aceptaba la agresión y dominación de Japón por Estados Unidos.

Después de la Segunda Guerra mundial, la dirección nacional del Partido Comunista japonés acogió a las fuerzas americanas de agresión como liberadores y ensalzó la pretendida democracia de los Estados Unidos . Esta tendencia a adornar la "paz y la democracia" bajo la ocupación y la dominación de Estados Unidos ha perdurado hasta nuestros días y ha impedido a los trabajadores y al pueblo lanzarse a la lucha.

Nuestro partido y los trabajadores y ciudadanos evolucionados tienen la grave responsabilidad de romper con esta opresión ideológica y lanzar una nueva lucha.

2 ¿Cómo deberíamos combatir?

(1) El carácter y las contradicciones fundamentales de la sociedad japonesa; las tareas de la revolución

El programa de nuestro Partido explica que Japón constituye una sociedad capitalista monopolista avanzada al mismo tiempo que es un país imperialista. El imperialismo japonés está subordinado al de Estados Unidos. Hoy en día el control americano sobre Japón se refuerza, mientras que la sumisión de la sociedad japonesa cara a Estados Unidos no hace más que aumentar.

Entre las contradicciones esenciales que marcan la sociedad japonesa de la postguerra está la que opone al proletariado y la burguesía, y la que enfrenta la nación japonesa y el imperialismo americano. Basada en estas dos contradicciones esenciales, se desprende una contradicción mayor, la que enfrenta al imperialismo americano y la burguesía monopolista japonesa, antinacional, por una parte, y el pueblo japonés con la clase obrera a la cabeza por otra parte. La contradicción mayor proviene de dos factores. Uno consiste en que al finalizar la Segunda Guerra mundial, el imperialismo americano ocupó exclusivamente Japón, conforme a su estrategia mundial contrarrevolucionaria y que, en consecuencia, apareció como el nuevo dirigente del pueblo japonés. El otro es que la burguesía monopolista japonesa adoptó como medio de prolongar su existencia y permanecer en tanto que dirigente del pueblo japonés, la venta de los intereses de la nación japonesa al imperialismo americano. Esta contradicción principal ha existido en el seno de la sociedad japonesa durante todo el período de la postguerra. Su agravamiento y su evolución condicionan el desarrollo del movimiento revolucionario japonés.

El imperialismo americano es un pilar fundamental de las fuerzas reaccionarias en el mundo de la postguerra. La burguesía monopolista japonesa se postra delante de él. Nuestra tarea consiste en romper toda esta estructura de sumisión. El imperialismo americano coloca a Japón en una situación de colonia. Invertir esta situación tiene la prioridad por encima de las otras cuestiones de la lucha del pueblo japonés

Por consiguiente, si no estás de acuerdo en que hay que dirigir la lucha popular contra el imperialismo americano y si rechazas la lucha patriótica legítima contra las fuerzas americanas y las fuerzas antinacionales, se trata de un argumento abstracto, separado de las condiciones reales existentes en Japón. Este tipo de argumento hace abstracción de los crímenes cometidos por el imperialismo americano que domina a Japón y encubre esos crímenes. Si no estás de acuerdo en que hace falta dirigir la lucha popular contra los reaccionarios japoneses antinacionales con la burguesía monopolista en su centro, ese tipo de argumento impide igualmente a las masas populares lanzarse a la lucha y, de hecho, se opone por tanto a golpear al imperialismo americano.

En las condiciones actuales es importante atenerse a la línea patriótica antiamericana a fin de intensificar la lucha contra los Estados Unidos y denunciar y combatir los monopolios japoneses antinacionales y su gobierno, que están sometidos al imperialismo americano. En este contexto, debemos asociar la cuestión de oponerse a la guerra imperialista a la de batirse contra las reformas estructurales. De esta manera podremos realizar nuestra tarea principal actualmente, que consiste en expulsar al imperialismo americano de Japón, en derribar el imperialismo japonés y en construir un Japón independiente, democrático, pacífico, próspero y socialista.

Nuestra lucha en Japón reviste importancia internacional socavando la estrategia del imperialismo americano hacia la supremacía mundial. Teniendo bien claro la importancia de nuestra lucha, combatimos en Japón hombro con hombro con el pueblo iraquí y los otros pueblos árabes.

(2) Las lecciones positivas de la lucha del pueblo japonés tras la Segunda Guerra mundial

Nuestro Partido ha buscado asimilar, y adaptar a las condiciones actuales, las tradiciones revolucionarias del movimiento popular japonés contra las bombas A y H en el momento en que el gobierno americano ha mencionado Irak, Corea del Norte, China, Rusia y algunos otros países como blanco de un ataque nuclear preventivo y ha aumentado el peligro de otra guerra nuclear que golpearía igualmente a Japón.

El movimiento para prohibir las bombas A y H comenzó en Japón cinco años después de la Segunda Guerra mundial, con el Acuerdo por la Paz, en Hirosima, el 6 de agosto de 1950. El Comité regional de Chugoku del Partido Comunista japonés, y los trabajadores y las gentes que dirigía, se enfrentaron abiertamente a las fuerzas de ocupación americanas que se emplearon abiertamente en reprimir el movimiento. Combatieron también la línea estratégica de la dirección nacional del PCJ, que consideraba al imperialismo americano como una "fuerza de liberación", así como las tendencias economista y oportunistas de derecha que predominaban en el seno del movimiento obrero de la época. Por primera vez denunciaron públicamente los objetivos reales des los bombardeos atómicos y los crímenes de Estados Unidos y consiguieron organizar el Acuerdo por la Paz, ese 6 de agosto de 1950, en la ciudad de Hirosima, en pleno estado de emergencia.

El movimiento pacifista contra las armas nucleares consiguió pronto el apoyo de las grandes masas populares y se expandió en todo el país. Sólo cinco años más tarde se organizó la Primera Conferencia Mundial contra las Bombas A y H en Hirosima. El movimiento evolucionó en una fuerza enorme y en una campaña mundial contra la producción, la posesión y el uso de bombas nucleares. Este movimiento de ámbito mundial fue el que ató corto al imperialismo americano y le impidió utilizar su armamento nuclear de nuevo durante la guerra de Corea.

El movimiento siguió su vía en tanto que lucha patriótica contra los Estados Unidos y alcanzó su apogeo en la lucha contra la revisión del Tratado de Seguridad americano-japonés en 1960, la lucha política más importante de la postguerra en Japón.

El Comité regional del PCJ de Chugoku permaneció fiel a la línea patriótica antiamericana dirigiendo la lucha del 6 de agosto, en 1950. Escogió como línea de conducta apoyarse en el pueblo y seguir la línea de masas, aprendiendo así de la experiencia negativa del movimiento comunista de Japón antes y durante la Segunda Guerra mundial. Nuestro Partido tiene por tanto su origen en la lucha del 6 de agosto de 1950 y en el movimiento popular que lo sigue en los años 50. El enemigo ha tratado de destruir, cuidadosamente, la línea de la lucha del 6 de Agosto. Pero nosotros nos mantenemos firmes en esa línea y en las enseñanzas positivas sacadas de esa lucha y caminamos hacia la reconstrucción del movimiento por la paz contra las bombas A y H con base en los talleres, centros de producción y comunidades.

La lección más importante es que nos hace falta tener todo en cuenta, desde un punto de vista estratégico, ceñirnos a la línea patriótica antiamericana y seguir siempre el método de trabajo que preconiza "a partir de las masas, hacia las masas", con confianza en el poder del pueblo y con el pensamiento de servirlo a fondo con el fin de investigar y eliminar su grave situación.

La lucha contra Estados Unidos y la contra la guerra que se desarrolla en Japón – hasta ahora el único país que ha sufrido bombardeos nucleares - reviste una gran importancia. Nosotros nos oponemos a los planes de guerra nuclear del imperialismo americano y de sus lacayos del gobierno Koizumi y exigimos la retirada inmediata de las tropas de agresión de Irak, el fin del apoyo del gobierno Koizumi a la guerra dirigida por Estados Unidos, el retorno de los barcos de las FAD del océano Indico, la demolición de las bases americanas en Japón y la derogación del Tratado de Seguridad americano-japonés. Estamos firmemente decididos a cumplir a cualquier precio nuestros deberes internacionales en unión de los pueblos de Irak, del Medio Oriente y del mundo entero.