Contribución
al Seminario Comunista Internacional
"Crisis económicas y la posibilidad de una gran crisis mundial"
Bruselas, 2-4
mayo de 2002
www.icsbrussels.org , ics[at]icsbrussels.org
Partido Comunista de Cuba
Los elementos actuales de una crisis económica mundial
Desde hace más de dos décadas el modelo neoliberal se ha ido imponiendo al mundo por la mayor de las super potencias imperialistas, pero no fue hasta principios de los años 90 que este se afianzó y desarrolló alcanzando su nivel más alto y extendiéndose por todo el planeta como parte intrínseca del proceso de globalización y al amparo de la unipolaridad política mundial resultante de los dramáticos acontecimientos ocurridos en la URSS y Europa del Este.
En este marco, los Estados Unidos, apoyándose en su inmenso poderío político, militar y tecnológico y en su control casi absoluto de las instituciones financieras internacionales han logrado la mayor acumulación de riquezas y poderío que jamás se haya conocido en la historia de la humanidad.
Esta acumulación de riquezas se ha realizado a expensas de la inmensa mayoría de las naciones y pueblos, cuyos gobiernos, bajo las órdenes de las instituciones de Bretton Woods y más específicamente del FMI han creado los mecanismos necesarios para que las transnacionales del norte rico y desarrollado saqueen impunemente sus economías atrasadas y dependientes.
En nombre del libre comercio y la "igualdad de oportunidades" en cuanto a competencia económica, se ha reforzado el dominio de los países ricos y se han ampliado las desigualdades entre estos y el denominado Tercer Mundo, comprometiéndose inclusive sus posibilidades futuras de desarrollo.
No obstante a los sombríos resultados sociales de esta política neoliberal, cuyos resultados catastróficos están a la vista, los mas entusiastas economistas del capitalismo globalizado y transnacional proclamaron al mundo el fin de las crísis cíclicas del sistema gracias al surgimiento de la denominada "Nueva Economía", término que en síntesis se refiere a la actividad económica emergente relacionada con los sectores de la informática y las telecomunicaciones y que se ha pretendido presentar como el acontecimiento que ha creado las condiciones necesarias para un crecimiento en constante expansión de las economías capitalistas desarrolladas.
Esta teoría se apoyaba en el hecho de que la economía capitalista y más en particular la norteamericana conoció desde mediados de los años 80 una de sus etapas mas largas de expansión, en la cual las nuevas tecnologías jugaron un papel de vanguardia.
Para argumentar esta idea recurrieron también al hecho de que el crecimiento económico contemporáneo se encuentra condicionado, en medida determinante, por el avance en el desarrollo científico-tecnológico, en la innovación y en la competitividad que se crean sobre estas bases.
No obstante afirmar que tales desarrollos y la irrupción de las nuevas tecnologías, productos y procesos, hayan modificado esencialmente en los últimos cinco o diez años los principios del funcionamiento del modo de producción capitalista, que se han venido conformando durante siglos, y que se hayan creado nuevas pautas o leyes de desempeño de la economía a partir de tales desarrollos tecnológicos resulta, cuando menos, un desconocimiento de la naturaleza del propio sistema.
La profunda crisis experimentada presisamente por el sector de la "Nueva Economía", vino a demostrar que afirmar que la misma es distinta completamente de la vieja economía capitalista con todas sus reglas es una falacia y que los antiguos fantasmas de la recesión, de la depresión y la crisis están bien lejos de haber desaparecido definitivamente.
Por el contrario, al haberse hecho la economía mundial mucho más interdependiente y globalizada a lo cual han contribuido presisamente el desarrollo de las comunicaciones y la informática, en estos momentos es mucho mayor la posibilidad de que los efectos de las crisis del sistema puedan ser en el presente mucho más amplios y devastadores que en el pasado.
Precisamente ya hace dos años, el mundo capitalista vive bajo la sombra de una posible recesión global, aunque en el afán por trasmitir una imagen positiva y optimista que mantenga la tranquilidad en los mercados especulativos se ha llegado incluso a sustituir las palabras para mostrar que no se trata de una recesión o crisis sino solo de un ajuste coyuntural y que por lo tanto el crecimiento de las economías más poderosas y en especial la norteamericana está garantizado, de esa forma se han acuñado terminos como el de "aterrizaje suave" en lugar de proceso recesivo de la economía norteamericana.
En este mismo estilo, cuando finalmente los círculos de poder capitalista se han decidido ha hablar de la posibilidad de una recesión, lo hacen haciendo hincapié en las grandes economías o centros de poder (Estados Unidos, Japón y Europa), minimizando la importancia del resto del mundo o mencionando de manera aislada los casos de las crisis regionales y de las economías mal llamadas emergentes, como lo fueron los casos de las crisis de México, Asia, Rusia o más recientemente Argentina, soslayando la situación existente en bastas regiones de nuestro planeta en las cuales vive la inmensa mayoría de la humanidad.
En momentos en que se ha alcanzado un enorme desarrollo tecnológico y científico técnico, lo que ha aumentado la capacidad de generar recursos y riquezas, con las cuales se pudieran resolver los más acuciantes problemas sociales acumulados por siglos de explotación colonial y neocolonial, paradójicamente crece la miseria hasta límites insoportables y es cada vez mayor el abismo que separa a los países ricos y pobres y a las propias clases sociales en cada nación.
En la lógica neoliberal, parece ser un hecho que el capitalismo ha llegado a la conclusión que existe un mundo marginal en el cual vive el 85 % de la humanidad y que se ha quedado sin lugar en la distribución de riquezas. Este mundo apenas se tiene en cuenta cuando los teóricos del capitalismo hablan de nueva economía o de peligro de una recesión mundial y es en estos países subdesarrollados donde la coyuntura internacional se torna sumamente adversa, en un contexto de tendencias recesivas que tienden a deprimir los precios de sus productos de exportación y a erosionar los términos de intercambio ya de por si injusto y desigual.
También en un clima recesivo tienden a reducirse los créditos y las inversiones extranjeras y a contraerse las remesas y otras transferencias financieras desde los países industrializados.
Contradiciendo la propia lógica capitalista de estímular al consumo como el mecanismo que mantenga en crecimiento la demanda y por tanto la expansión productiva, además de no tenerse en cuenta la situación anterior, tampoco existe una voluntad real por parte de los países ricos por resolver el grave problema de la deuda externa que limita cada vez más el acceso de los países subdesarrollados al mercado. Esta deuda ya supera los 2,5 millones de millones de dólares y ha tenido en la década actual un crecimiento aún más peligroso que el la década de los años 70.
La deuda en sí, por los términos en que fue contraída, y por el escandaloso mecanismo de sometimiento y explotación que implica es inmoral y ya ha sido pagada con creces a través del arbitrario crecimiento de las tasas de interés y las fugas de capitales hacia los países ricos.
Se calcula que en los Estados Unidos están colocados unos 727 mil millones de dólares procedentes de las reservas de los Bancos Centrales del mundo, incluidos los países subdesarrollados, donde también las clases altas sacan del país sus capitales en busca de un refugio seguro. Esta situación da lugar al hecho absurdo de que con sus reservas los países pobres ofrecen financiamiento barato y a largo plazo al país más rico y poderoso del mundo, destruyendo toda posibilidad de contar con los recursos necesarios para resolver sus propios problemas sociales y económicos y dejando desprotegidas a las naciones del Tercer Mundo ante la instabilidad que el propio sistema genera.
Qué posible expansión ilimitada de los mercados y de la actividad productiva puede existir, cuando como resultado de la aplicación de políticas neoliberales en más de 100 países el ingreso por habitante es inferior a lo que era hace 15 años, mil seiscientos millones de personas viven en peores condiciones que a principio de la década de los años 80, 820 millones de personas están desnutridas, de las cuales 790 viven en el Tercer Mundo y en estos países la esperanza de vida se ha limitado a 40 años para más de 507 millones de personas y continentes enteros como Africa parecen condenados a quedar despoblados como resultados de las guerras, el hambre y el SIDA.
En nuestra modesta opinión, la carrera hacia la globalización neoliberal han acentuado los elementos desestabilizadores en la economía capitalista y creado las condiciones para crisis y recesiones cada vez más peligrosas.
A partir de los ataques terroristas del pasado 11 de septiembre en los Estados Unidos y de la guerra del gobierno de ese país contra Afganistán se creó un alto grado de incertidumbre acerca de las implicaciones económicas de estos hechos, no obstante debe tenerse en cuenta que las posteriores tendencias recesivas de la economía norteamericana y mundial se originaron y cobraron fuerza antes de dichos acontecimientos.
De acuerdo con pronósticos del FMI anteriores a septiembre del 2001, el PIB global crecería en 2.6% en ese año y 3.5% en el 2002. En la primera mitad del 2001 la producción industrial mundial ya había caído en un 6%. Según pronósticos posteriores del FMI (mediados de noviembre del 2001), el crecimiento de la economía mundial para el 2001 y el 2002 sería del orden de 2.4%. Esta revisión a la baja en las previsiones del crecimiento mundial del PIB refleja, ante todo, el retroceso económico esperado en las tres principales economías del mundo, lo que ha conducido a un escenario que algunas agencias califican ya como una recesión global con fuerte potencial de agravamiento. En efecto, numerosos economistas comparten la idea de que una tasa de crecimiento económico global inferior al 2%-2.5% pudiera definirse como una recesión económica global.
En sentido general, se aprecia una mayor sincronía en el ciclo económico actual, con relación a ciclos anteriores en los tres grandes centros de poder mundial, Estados Unidos, Europa y Japón. Según estudios económicos y partiendo de una supuesta escala en que el máximo grado de sincronía recesiva del ciclo económico fuera de 100, se estima que la recesión del 2001 tendría un nivel de sincronía de 90; frente a 50 la recesión de 1975, un valor de 60 la de 1982 y de 65 la de 1991.
Cabe destacar que si bien la actual recesión económica global de la economía mundial se caracteriza por su alto grado de sincronía, la fase de recuperación subsiguiente no conservaría necesariamente esta característica.
Estados Unidos, como principal economía mundial indudablemente juega un papel determinante en el futuro de esta crisis y en tal sentido la Reserva Federal y el gobierno norteamericano han aplicado una agresiva política de medidas para evitar la profundización de la recesión, baste mencionar las diez rebajas de las tasas de interés efectuadas hasta noviembre del 2001, los recortes de impuestos y la expansión del gasto fiscal y del gasto militar. En este sentido la Administración Bush ha diseñado un paquete de estímulos fiscales con el objetivo de restablecer la confianza en los consumidores y alentar la inversión.
Estas medidas anti-recesivas conllevan en si mismas el peligro de ahondar la crisis o al menos de crear nuevas complicaciones para la principal economía del mundo, pues no se debe olvidar que la base de las actuales dificultades es el profundo endeudamiento que involucra tanto al gobierno, las corporaciones como a las familias norteamericanas.
Por otra parte, los recortes de impuestos y la ampliación de los gastos del gobierno de hecho ha significado el regreso a los déficits presupuestarios, lo cual a mediano y largo plazo puede alimentar el fantasma de la inflación y por tanto hacer contraproducente la política de bajos tipos de interés.
En este escenario recesivo se enmarca también la denominada "guerra contra el terrorismo", cuya primera fase ha sido la guerra contra Afganistán, lo que ha hecho pensar a muchos analistas que en parte también se trata de una estrategia para aumentar los gastos militares, utilizándolos como válvula de escape a la crisis. Aunque no despresiamos de forma total este planteamiento, consideramos que esta guerra tiene otro objetivo, el de imponer a la comunidad internacional un antecedente de impunidad y hegemonismo total por parte de los Estados Unidos, quienes se han erigido en el juez y gendarme del mundo, aplicando su política ultraderechista y guerrerista sin el menor respeto por las leyes, tratados e instituciones internacionales y con la complicidad silente de sus principales aliados.
En los últimos meses, los medios infunden nuevamente optimismo al mercado, se habla de aumento de la confianza de los consumidores en los Estados Unidos, reducción de los inventarios de las empresas y las bolsas de valores volvieron alcanzar las cifras de antes del 11 de septiembre. Pero, ¿hasta cuando durará este optimismo?, ¿Porqué ignorar que la industria del mundo desarrollado tiene en estos momentos grandes capacidades ociosas que en solo días serían capaces de abarrotar nuevamente los inventarios?, ¿Porqué continúan quebrando de manera escandalosa monopolios gigantes que supuestamente gozaban de una gran salud económica?.
No podemos ignorar el hecho que seguimos viviendo en una economía virtual, que la especulación financiera ha pasado a ser la actividad más importante y que la llamada burbuja especulativa se separa cada vez más de la actividad productiva.
En la actualidad 3 millones de millones de dólares circulan diariamente en las operaciones puramente especulativas, es decir que en solo unos días se supera la cifra de 8 millones de millones que requiere el comercio para todo un año. De hecho, este irracional proceso especulativo se ha convertido en los últimos años en la principal fuente de ingresos y consumo en los Estados Unidos y ha desestabilizado países y regiones enteras y solo horas.
En la medida en que se marginaliza a la mayoría de la humanidad de los mercados y en que el dinero deja de ser fuente de inversiones productivas para convertirse en elemento desestabilizador de las economías mas pobres, se alejan las propias espectativas del sistema de crecer.
Como hablar de crecimiento del consumo, cuando continentes enteros no tienen acceso a este. Como evitar las crisis de superproducción, con semejante lógica.
En Europa y Norteamérica se producen alimentos subsidiados arruinando la agricultura del sur. Mientras en el Tercer Mundo ocurren hambrunas y crisis y el norte destruye alimentos para evitar caidas en los precios.
¿Podrá nuestro planeta resistir la lógica de un sistema para el cual el creciente consumo irracional es la base de su propia existencia?. Este modelo consumista inclusive limitado a solo un grupo de países ricos o a un tercio de los seres humanos ya está agotando las reservas del mundo y envenenando el medio ambiente.
Podrán las sociedades en el Norte y el Sur resistir por mucho tiempo más la degradación económica, ética, política y moral de un sistema que lejos de solucionar problemas los crea y los agrava. Podrá la humanidad convivir con los crecientes índices de hambre, enfermedades, analfabetismo, desempleo, explotación del trabajo infantil, tráfico y consumo de drogas, corrupción, lavado de dinero y otros tantos males que nos aquejan.
Somos de la opinión que el capitalismo no tiene respuestas para estas interrogantes y mucho menos soluciones, incluso en aquellos países ricos que por determinadas situaciones históricas abrazaron la idea del llamado capitalismo de "bienestar social".
Las crisis seguirán sucediendose inevitablemente, la desestabilización política es ya un hecho en gran parte del mundo y el sistema enfrenta una creciente situación de ingobernabilidad. El propio imperio lo ha comprendido y nos inclinamos a pensar que su actual guerrerismo y alocada carrera de rearme es un síntoma de eso, sino como justificar tantas inversiones en nuevas tecnologías bélicas y un presupuesto militar tan enorme cuando hoy más que nunca el mundo vive bajo la égida de su dominio unipolar.
El marxismo - leninisto está hoy mas vigente que nunca. El capitalismo y su versión más actual de imperialismo neoliberal sigue construyendo su propia sepultura. Las contradicciones del sistema lejos de resolverse se profundizan y las crisis serán cada vez más profundas y destructivas.
La alternativa es el socialismo, una sociedad nueva donde el ser humano y sus problemas sean la preocupación principal, una sociedad en la cual se sustituya la lógica de que las leyes ciegas del mercado rigan el destino de la civilización y donde los recursos y logros que ha alcanzado la humanidad durante milenios estén al servicio del hombre para satisfacer sus necesitades materiales y espirituales, donde los valores morales y éticos de la solidaridad y la justicia social tengan un papel central.