Contribución
al Seminario Comunista Internacional
"Crisis económicas y la posibilidad de una gran crisis mundial"
Bruselas, 2-4
mayo de 2002
www.icsbrussels.org , ics[at]icsbrussels.org
Argentina
Sergio Ortiz, Partido de la Liberación
Argentina, un caso testigo de cómo el imperialismo desangra a los países del Tercer Mundo y a la vez preña toda la situación de revolución.
-UN PAÍS EMPOBRECIDO
Todavía en los ´90, el gobierno de entonces presidido por Carlos Menem decía a los argentinos que los iba a convertir "de proletarios en propietarios", sin citar la fuente thatcheriana de esa expresión. Pero su acción neoliberal a ultranza, propia de quien se consideraba el mejor alumno del FMI y el Banco Mundial, produjo resultados lamentables al cabo de diez años de gestión, continuada luego por Fernando de la Rúa entre 1999-2001 y actualmente por Eduardo Duhalde. En síntesis, Argentina tiene un 30 por ciento de desempleo absoluto y 15 por ciento de subempleo, con una población sumergida por debajo de la pobreza que alcanza a 17 millones de personas (se estiman 20 millones para fines de 2002). Como la población total es de 36 millones, quiere decir que prácticamente la mitad vive en esa condición. (Nota 1).
Sin embellecer en absoluto el pasado, hay que recordar que históricamente la tasa de desempleo de Argentina era del 6 por ciento. En la última década se quintuplicó.
No es que el país carezca de recursos naturales, técnicos y humanos. Las estadísticas siguen informando que se abastece y exporta energía y alimentos; que aunque venida a menos aún cuenta con una industria de desarrollo intermedio propia del capitalismo dependiente; que las cosechas de granos baten los récords de 60 millones de toneladas; que tiene casi 5 mil kilómetros de litoral marítimo para la explotación pesquera en el Atlántico Sud, etc.
Entonces, ¿por qué tanta miseria y hambre en el que se conoció como "el país de las vacas y el trigo"?. ¿Por qué siguen muriendo 55 chicos por día antes de cumplir el año de vida, debido a enfermedades prevenibles ligadas a la pobreza?. ¿Por qué reaparecen enfermedades de la pobreza como el mal de Chagas, la tuberculosis y hasta el cólera?.
La razón está a la vista. Se han emprobrecido las mayorías populares y en cambio se han enriquecido las minorías de la oligarquía nativa y los monopolios extranjeros. El 10 por ciento de la población más pobre se queda con apenas el 1,3 por ciento del ingreso nacional, y el 10 por ciento más rico se apropia del 37,7 por ciento, lo que significa que las capas más ricas tienen un ingreso 28 veces superior al de su contraparte indigente.
Aunque el reformismo y la centroizquierda digan que esta inequidad social se solucionará con una distribución "progresista" del ingreso, la verdad es que un cambio en este aspecto requiere de la liquidación de las relaciones sociales de producción y de propiedad. Y esto, a su vez, demanda una revolución social. De esto se trata. Sobre la necesidad de una revolución popular ha avanzado mucho el pueblo argentino en los últimos años de resistencia frente a los gobiernos menemista y delarruísta, echando a éste con el Argentinazo de diciembre de 2001.
-LOS RESPONSABLES.-
Los trabajadores y el pueblo han madurado en política, identificando a los responsables directos del vaciamiento nacional y el empobrecimiento de la gente. De allí el desprestigio total de los partidos tradicionales, que ejercieron el poder en los últimos veinte años alternándose entre la UCR (radicales) y el PJ (peronistas), mechados con la derecha de Acción por la República (cavallista) y el Frepaso (centroizquierda).
Ya en las legislativas de octubre de 2001 ese repudio se había expresado en forma nítida: la suma de la abstención, el voto en blanco y los votos anulados llegó al 42 por ciento del padrón electoral. Hasta el periodismo comercial calificó lo ocurrido como el triunfo del "voto bronca", que ocupó el primer lugar en distritos claves como la Capital Federal.
La más alta expresión de la protesta popular no se dio en las urnas sino en las calles con el Argentinazo, que por primera vez en la historia del país barrió a un gobierno constitucional elegido dos años antes con 9 millones de votos. Y desde entonces hasta hoy el pueblo asedia a los políticos y les hace "escraches". (Nota 2).
Los políticos repudiados no pueden gobernar, no pueden salir a tomar un café ni a cenar, no pueden veranear con sus familias. En cuanto el público los reconoce, comienzan los los insultos, escupitajos y algún que otro golpe.
Los banqueros y grandes empresarios quieren descargar toda la culpa de lo ocurrido sobre las espaldas de los políticos, que ellos mismos financiaron. Pero la gente toma también como blanco al establishment económico y el FMI. La consigna de "No pago de la deuda externa" es verdaderamente de masas, que adhieren a la idea de cortar los pagos de esa estafa y en cambio derivarlos a programas sociales. Los bancos son pintados por los manifestantes reclamando expropiaciones sin indemnización. Sus vidrieras y cajeros automáticos son rotos por los ahorristas estafados e incluso algunos de sus directivos extranjeros y nacionales tienen procesos judiciales abiertos por narcolavado, la salida ilegal de fondos al exterior y el "corralito" bancario. (Nota 3).
En definitiva se ha dado un gran paso adelante, hacia la revolución nacional, democrática y popular, mediante la identificación del poder, las clases y los partidos enemigos. Las asambleas barriales, que surgieron de a centenares luego del Argentinazo, y las movilizaciones obreras y populares posteriores encabezaron sus programas con la consigna política de "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo". Con esto no se referían sólo a los partidos del régimen, a los monopolios, banqueros y el FMI, sino también a los grandes medios de comunicación, a los militares y policías represores, a los traidores sindicalistas de las dos CGT, a los arzobispos cómplices, etc.
-EL ARGENTINAZO.-
El capitalismo dependiente argentino fue sometido a la crítica no sólo de las ideas sino también a la crítica de las piedras y barricadas, siendo depuesto el gobierno antipopular de la Alianza (UCR y Frepaso). Quedó pendiente la "crítica de las armas" por parte de las masas, que posiblemente corresponda a la etapa abierta a fines de 2001.
El Partido de la Liberación (PL) ya ha explicado que no corresponde en absoluto a la verdad la presentación del Argentinazo como un súbito movimiento de una mayoría de clase media que salió pacíficamente a hacer ruido con sus cacerolas debido al "corralito" bancario. Esta errónea visión fue propagada por los grandes medios de comunicación y tomada como válida por personas honestas del país y el extranjero.
El 19 de diciembre hubo en efecto mucha gente de clase media protestando por la confiscación de sus ahorros y estuvo bien que así ocurriera. Es que la participación de esas capas afectadas -e incluso de la burguesía nacional industrial y agraria- corresponde a las características de la revolución en esta etapa antimonopolista de su desarrollo. Pero ya ese día la protesta tenía un sentido claramente político y democrático. Las masas se movilizaban contra el Estado de Sitio y la represión policial, en tanto miles de hambrientos ya saqueaban alimentos en los comercios de varias ciudades.
Al día siguiente, que fue el momento clave de la derrota del gobierno, los grandes protagonistas no fueron personas de clase media sino los trabajadores estatales, desocupados, jóvenes, estudiantes, cadetes (mensajeros) en motos; militantes políticos, barriales y de derechos humanos; vecinos, jubilados, periodismo alternativo, etc. Ellos fueron los que se enfrentaron heroicamente con el aparato represivo, que en las inmediaciones de Plaza de Mayo causó 6 muertes y 35 en todo el país. Para entonces las banderas fundamentales del movimiento popular eran "Que se vayan todos" los miembros del gobierno, comenzando por el presidente y el ministro de Economía. La consigna "Pan y Trabajo" se hacía realidad mediante la toma de alimentos por mano propia por los desocupados del gran Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Córdoba y otras provincias, duramente reprimidas por la policía en las inmediaciones de supermercados, comercios y depósitos gubernamentales.
A su vez el Argentinazo tuvo una preparación de varios años, en que los trabajadores y los desocupados protagonizaron puebladas y cortes de rutas. Arrancaron en Santiago del Estero (1993) y siguieron en Cutral-Co (1997), General Mosconi (1999, 2000 y 2001) y Corrientes (2000).
Todo ese torrente popular también se expresó en el campo, con cortes de rutas de los productores tamberos, azucareros, poroteros, yerbateros, etc, y los transportistas de cargas. Este espectro expresaba a campesinos pobres, medios y ricos, y la burguesía nacional.
En los cuatro años previos al Argentinazo hubo 1.858 cortes de rutas y en dos años el gobierno de De la Rúa fue golpeado por ocho paros generales del movimiento obrero. Una vez derrocado ese personaje nefasto, en febrero de 2002, hubo 290 medidas de protesta que incluyeron los "cacerolazos" en Plaza de Mayo.
La situación prerrevolucionaria que venía desarrollándose desde 1987 se convirtió en revolucionaria a fines de 2001. Ya había una clara insubordinación de "los de abajo" y una notable inestabilidad en los gobiernos de "los de arriba". Y la rebelión popular de Plaza de Mayo fue "la acción histórica independiente" del movimiento obrero y popular que abrió la nueva situación. Tal como venía sosteniendo el PL, la apertura de lo nuevo iba a ser el resultado de la acción básicamente espontánea del movimiento de masas, o sea un fruto de las condiciones objetivas de nuestro país arruinado y a la vez en pie de lucha. No podía haber objetivo superior a éste, pese a que los charlatanes de la izquierda reformista aseguraban que sin "la construcción del Partido" no podría abrirse la situación revolucionaria.
Por supuesto que los factores subjetivos de la revolución, expresados en el PL y otras organizaciones populares, también tuvieron su incidencia en las puebladas de diciembre y en general en el desarrollo de la resistencia. Pero esto no le quitó el rol principal al movimiento espontáneo, que fue la clave para la derrota de De la Rúa. Quedó corroborado que la tarea central de las incipientes fuerzas de vanguardia debía ser el impulso a las luchas obreras y populares para elevarlas, politizarlas y abrir una situación revolucionaria. El núcleo de la acumulación pasaba por allí y no por el camino electoral-parlamentario propugnado por la izquierda reformista y el nacionalismo burgués. La divisoria de aguas de diciembre de 2001 fue muy gráfica: la izquierda revolucionaria y otras organizaciones populares luchando junto al pueblo en la Plaza de Mayo para tirar abajo el gobierno, mientras el reformismo y el nacionalismo burgués agrupados en el Frenapo (Frente Nacional contra la Pobreza) contando los votos que habían juntado en esos días con su "consulta popular" por un seguro de empleo y formación de 380 pesos (cifra inferior al nivel oficial de pobreza, de 480 pesos). (Nota 4)
-LA NUEVA SITUACIÓN.-
El movimiento popular siguió su impetuoso avance, pegando sobre el gobierno transitorio de Eduardo Duhalde (vicepresidente de Menem entre 1989 y 1991, y gobernador de Buenos Aires entre 1991 y 1999). Este no fue elegido en las urnas sino por 262 diputados y senadores reunidos en Asamblea Legislativa.
Ese gobierno, aunque trate de diferenciarse de su antecesor, ha venido adoptando medidas fondomonetaristas que perjudicaron a la población. Mantuvo los recortes del 13 por ciento de los salarios y jubilaciones superiores a los 500 pesos, continuó con el "corralito" bancario e indexó las deudas mediante el coeficiente CER que fundirá a centenares de miles de familias deudoras de créditos bancarios, alquileres, contratos, etc.
Por otro lado pesificó las deudas bancarias en dólares de los grupos monopolistas nacionales y extranjeros, con lo que licuó y disminuyó esas deudas, dejando para el Estado la onerosa compensación a los bancos, que costará 16 mil millones de dólares. La nave insignia de la flota duhaldista es el grupo monopolista siderúrgico Techint, beneficiado por la pesificación de sus deudas en dólares y por la devaluación del peso.
La enorme brecha cambiaria generada por la devaluación favoreció a los pulpos exportadores que perciben divisas y que cuadriplicaron su capacidad de compra en término de pesos. Repsol-YPF, Cargill, Techint, Molinos, Pérez Companc y otros monopolios se aprovecharon de esa diferencia cambiaria, mientras –al compás de un dólar súper alto- los precios internos se dispararon. La bolsa de harina de 50 kilos costaba en diciembre 10 pesos y ahora subió a 45, encareciéndose el kilo de pan, que falta en la mesa de los pobres. En los primeros tres meses del año la inflación fue del 15 por ciento, pese a que -según la letra de la ley de presupuesto 2002- este porcentaje sería el correspondiente a todo el año.
Frente a semejantes agresiones de parte de un gobierno que apuesta su continuidad a la capitulación ante el FMI, el pueblo ha mantenido sus luchas. Hay movilizaciones de las asambleas barriales de Capital Federal y gran Buenos Aires; paros de los gremios docentes contra el insuficiente presupuesto educativo y del personal de hospitales públicos contra los bajos sueldos y la falta de insumos; hay recuperación de alimentos por parte de desocupados en localidades del oeste y sur bonaerense, Córdoba, Santiago del Estero, Salta, Tucumán y Neuquén. Varias marchas de trabajadores y desocupados han llegado hasta la Plaza de Mayo desde el interior del país, reclamando "Pan, Trabajo y que se vayan todos", como la del 15 de marzo último. Esos desocupados han tenido el apoyo de la población de la Capital y las capas medias, que ahora han sido permeadas por la solidaridad. El último 24 de marzo, al cumplirse 26 años del golpe fascista de 1976, cien mil personas manifestaron y/o marcharon en Plaza de Mayo "contra los genocidas de ayer y los represores de hoy". Esas demostraciones antifascistas tuvieron lugar también en muchas ciudades del interior.
Duhalde, apoyado por el PJ y la UCR, juega sus cartas al apoyo financiero del FMI de Horst Koehler y el Tesoro yanqui de Paul O´Neill, que hasta ahora no ha llegado. La situación revolucionaria va a madurar al compás de nuevas crisis económicas y estallidos sociales. Este futuro puede ser pronto si, como está ocurriendo, se disparan los precios de alimentos y combustibles, y si la economía, que ya está en hiperrecesión, entra en hiperinflación.
Existe bronca, combatividad y más conciencia política en millones de oprimidos, que con sus luchas hacen tambalear al gobierno. También está influyendo la disputa interoligárquica e interimperialista al interior de la administración Duhalde, que la debilita aún más. Por ejemplo, los grandes bancos pugnan con la gran burguesía industrial; los pulpos exportadores y los terratenientes con quienes producen para el mercado interno; el capital norteamericano con sus adversarios europeos que sacaron buena tajada durante las privatizaciones de Menem, etc.
Una de las razones por las que Duhalde no consigue el auxilio financiero de Washington es porque aparece ligado al Mercosur y la Unión Europea. Y como se sabe, sobre todo después del 11 de setiembre, la administración Bush está decidida a guerrear con todo el mundo y tapiar América Latina como su "patrio trasero" con el ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), rechazando a sus competidores europeos que quieren hacer pie en este continente. Las contradicciones interimperialistas están al rojo vivo en Argentina, propagándose al interior del gobierno y los partidos tradicionales, donde han armado diversas fracciones enfrentadas unas con otras.
Por caso, Carlos Menem expresa a la tendencia proyanqui del Partido Justicialista (PJ) y Ricardo López Murphy otro tanto en la UCR (ahora renunció a su afiliación para armar su fuerza propia ligada a la embajada yanqui, con el aval de la Fundación FIEL donde se desempeña como economista-jefe). En cambio Duhalde y Alfonsín tratan de sintonizar la onda del Mercosur y la Unión Europea, sin por ello romper con los yanquis. El canciller Carlos Ruckauf está más inclinado a las "relaciones carnales" con el Departamento de Estado, al que ya a fines de enero último prometió el voto contra Cuba en Ginebra.
Las Fuerzas Armadas no son ajenas a la crisis económica y política. Como tuvieron recortes presupuestarios, fueron reticentes en apoyar al decadente De la Rúa. Estimaron que de todas maneras ese presidente se venía abajo y no les convenía "quemarse" sacando los tanques a la calle.
Los militares están aún muy desprestigiados por el golpe de Estado de 1976, el terrorismo de Estado, la capitulación ante los ingleses en Malvinas y los levantamientos "carapintadas" exigiendo la impunidad de la represión.
La mayoría de la oficialidad se encolumna detrás de los generales Ricardo Brinzoni y Juan Carlos Mugnolo, de orientación oligárquica proyanqui. Estos quieren seguir acumulando poder tras la máscara de la "obediencia democrática" y sumar avales norteamericanos mediante la participación en operativos "internacionales de paz" liderados por la OTAN. En este momento debaten la conveniencia de participar en el "plan Colombia" y ofrecen al Pentágono entrenar pilotos colombianos de aviones Mirage en Tandil y de helicópteros en Morón.
Hay otro sector minoritario de la oficialidad y suboficialidad ubicado en la corriente nacionalista oligárquica que en el pasado lideraron figuras golpistas como el ex coronel Mohamed Alí Seineldín y el ex teniente coronel Aldo Rico. Esta corriente pidió en febrero último, desde la revista "Tiempo Militar", el urgente establecimiento de una dictadura "para salvar a la Nación" (Nota 5).
Aunque no conocemos en detalle, es posible que al interior de las Fuerzas Armadas, sobre todo a nivel de suboficiales y de la baja oficialidad, haya elementos patrióticos. Serían grupos incipientes y débiles que eluden identificación pública porque serían descabezados por la jefatura oligárquica. Pero puede haber militares patriotas sueltos. No han sido vanguardia sino retaguardia, recibiendo la influencia política positiva de los piqueteros y las puebladas. A la vez, han sufrido la decepción política del menemismo y el delarruísmo, las privatizaciones de empresas claves como Yacimientos Petrolíferos Fiscales, el pago de la deuda externa, la capitulación ante el FMI, la política de "desmalvinización" o capitulación respecto a los británicos y la OTAN en el Atlántico Sud, el vaciamiento de Fabricaciones Militares y la entrega de la Fábrica Militar de Aviones a la norteamericana Lockheed Martin, etc.
Los rumores de golpes de Estado y el perfilamiento de dos corrientes golpistas de diverso signo (la neoliberal y la fascistoide) hizo que nuestro Partido retomara la consigna de los ´70: "Ni golpe ni elección, revolución".
-TACTICA Y ESTRATEGIA.-
En lo inmediato enfrentamos al gobierno gran burgués de Eduardo Duhalde, apoyado por el Partido Justicialista y la mayor parte de los dirigentes de la Unión Cívica Radical, que tiene las carteras de Justicia y Defensa en el gabinete nacional.
Esta administración viene haciendo una concesión tras otra a George W. Bush, tanto en el terreno político (involucramiento en el "plan Colombia" y voto contra Cuba) como en el económico (dólar libre, recorte salarial y jubilatorio, presupuesto 2002 de ajuste, recorte al giro a las provincias, reanudación de la relación con el FMI, etc).
Esa política antipopular se expresó en forma concentrada en la devaluación del peso que ha recortado la capacidad adquisitiva de los salarios mediante la inflación. Lo único que está congelado es el salario. El resto sube. El precio del kilo de pan pasó de $1 a $2,50 y mil medicamentos subieron un promedio del 40 por ciento. Dominado el mercado por Esso, Shell y Repsol-YPF, los combustibles aumentaron tres veces en un mes e impactaron en gran cantidad de productos de primera necesidad. Se acrecienta la posibilidad de una hiperinflación como la vivida en 1989-1990, que provocó la caída anticipada del gobierno de Raúl Alfonsín.
La situación de las masas populares es gravísima. El gobierno admite, off the record, que el FMI exije el despido de 450 mil empleados de la Nación, las provincias y los municipios, y fijar salarios de 90 dólares. Estos planes de ajuste, en un marco de desabastecimiento incipiente y alta inflación, conducirá a nuevas crisis políticas.
El Partido de la Liberación (PL) lucha por un nuevo Argentinazo que eche cuanto antes al gobierno de Duhalde y bregue por los reclamos de las masas de Pan, Trabajo, Tierra, Libertades y Soberanía, con un Gobierno Popular Revolucionario que los haga realidad.
En el nuevo momento político creado por el Argentinazo de diciembre de 2001, esa táctica leninista tiene bases realistas. El mismo se apoya en el curso ascendente del movimiento obrero y popular, caracterizado por el auge de conflictos y la ruptura política con las direcciones del PJ, la UCR y las dos CGT. Eso sucede cuando casi la mitad de la población sufre la pobreza y los afectados hacen el balance político de los últimos años. (Nota 6).
Como quedó dicho, también ayudan a nuestro proyecto la extrema debilidad del gobierno y de los partidos de la gran patronal en que se apoya, así como la disputa interoligárquica e interimperialista librada por los lobbies yanquis y europeos.
Frente a los embates del movimiento popular, el gobierno de Duhalde tiene tres opciones:
-Renunciar y dejar que la Asamblea Legislativa elija a otro presidente provisorio y llame a elecciones anticipadas. Esta alternativa incrementaría la crisis política y económica, pues surgiría un nuevo gobierno más débil que el actual, tras elecciones donde quizás participe menos de la mitad del padrón electoral y haya un ganador con el 20 por ciento de los votos.
-Mantenerse en base a la represión, el Estado de Sitio y una alianza con los militares, que pasarían a formar parte de un gobierno cívico-militar estilo Alberto Fujijmori en Perú en 1995. Esto sería un autogolpe de Estado y sería enfrentado por el pueblo en las calles, con creciente violencia de masas. Esto provocaría una profunda división dentro de los partidos justicialista y radical, en el Parlamento –que muy posiblemente sería cerrado- y en las mismas Fuerzas Armadas. En éstas se agudizaría la pugna entre los sectores proyanqui y nacionalista oligárquico, y se podría desarrollar la pequeña corriente patriótica empeñada en que no se repita la historia de 1976.
-Rectificar el rumbo y volcarse a una postura cercana al nacionalismo burgués, reestatizando YPF (petróleo), declarando la moratoria de la deuda externa por varios años y estatizando el comercio exterior. Esta posibilidad es la menos probable que siga Duhalde pero no habría que descartarla completamente. Es que, ante un fracaso del plan del ministro de Economía Remes Lenicov, hay algunos dirigentes nacionalistas burgueses que pueden pregonarla (Ginés González García, Juan P. Cafiero, Daniel Carbonetto, Hugo Moyano, etc).
Están menguadas pero existen las posibilidades de la burguesía nacional de terciar frente al fracaso de Duhalde y proponerse como una alternativa frente a las soluciones radicalizadas de la oligarquía (un golpe) y del pueblo (un proceso revolucionario). Una de sus contras es que sus componentes están divididos. Por un lado están los que aún se cobijan como minorías dentro del Partido Justicialista y la CGT disidente y por el otro están los que formaron el ARI-Interbloque-Polo Social, más sus socios del Frenapo, CTA, etc.
Todo el nacionalismo y democratismo burgués se prepara para la salida electoral convocada por Duhalde para setiembre del año que viene. Además de su eterno "legalismo" y oportunismo, más la subestimación de las masas, esos dirigentes se creen débiles como para tumbar antes al gobierno. Son los mismos que no quisieron tirarlo abajo a De la Rúa en diciembre de 2001. La burguesía nacional, a lo sumo, deja que los sectores más explotados de nuestro pueblo se lancen solos a las calles para derribar el gobierno. Recién allí ellos bajarán a la arena política para tratar de quedarse con un fruto por el que habrán hecho muy poco.
¿Cuánto podrían durar en el poder la diputada Elisa Carrió (ARI) y/o Víctor De Gennaro (CTA-Frenapo)?. En principio es difícil que lleguen al gobierno, a lo sumo ambos pueden acompañar a algún referente peronista o radical que se haya alejado a último momento del gobierno. Y su duración puede ser tan efímera como la de Adolfo Rodríguez Saá, excepto que profundicen un curso tercermundista como el de Hugo Chávez en Venezuela, repudiando la deuda externa. Pero en tal caso habría una rápida división en el campo de la burguesía nacional y los partidos y organizaciones que la expresan. También habrá mayor inestabilidad política porque la administración Bush y el FMI pasarán a jugar más fuerte aún en contra de esa tendencia nacionalista. Esa pulseada antiimperialista evidentemente no se podrá resolver favorablemente con elecciones, Asambleas Legislativas o Asambleas Constituyentes.
No negamos que durante algún tiempo puedan ponerse "parches" mediante alternativas nacionalistas burguesas o de coaliciones gubernamentales que tengan un sesgo de ese tipo. Pero mirando globalmente la etapa que arranca en 1983 con el fin de la dictadura militar, se puede afirmar que la Argentina arrastra grandes males y necesita grandes remedios. La crisis está tocando fondo. El "centro" de la democracia burguesa, en la medida que se ató a las políticas de hambre del imperialismo, está en plena descomposición. Es un cadáver insepulto. Surgen como alternativas dos "extremos" bien diferenciados y contrapuestos: o se termina imponiendo un golpe cívico-militar alentado por la derecha, la oligarquía y el imperialismo, o bien levanta cabeza una revolución popular como propugnamos hace años.
El golpe tiene muchos inconvenientes: desprestigio de las Fuerzas Armadas, divisiones intestinas entre neoliberales y nacionalistas oligárquicos, inexistencia de reflujo de las luchas de los trabajadores, etc. Pero no se puede subestimar y menos aún negar que esta posibilidad existe; sus adherentes serán más a medida que la revolución tome, a su vez, más entidad.
La revolución es una necesidad objetiva del pueblo y es factible en la medida que el Argentinazo parió una situación revolucionaria.
El PL plantea una revolución popular en todo el sentido de la expresión: un acto de fuerza mediante el cual un bloque de clases dirigido por la clase obrera derroca violentamente a la alianza monopolista-imperialista, demuele el viejo poder estatal hasta sus cimientos y construye uno nuevo y democrático al servicio de las mayorías oprimidas.
En un país capitalista dependiente como Argentina, la revolución pendiente está en la etapa nacional, democrática y popular, y -bajo la dirección del proletariado- debe triunfar para avanzar ininterrumpidamente hacia el socialismo.
La solución revolucionaria no es un planteo abstracto. La revolución no es sueño eterno sino una militancia de todos los días para que un proceso de luchas de las masas populares dé pan al hambriento, trabajo al desocupado, tierra al campesino pobre y minifundista, libertades a las masas reprimidas por el Estado oligárquico, y soberanía a un país vaciado por los "lamebotas yanquis". Esos objetivos, tras el baño de sangre de la dictadura militar 1976-1983 y el entreguismo de los gobiernos constitucionales de la gran burguesía entre 1983 y nuestros días, requieren de un gobierno popular revolucionario dirigido por la clase obrera, que ajuste las cuentas con el imperialismo. (Nota 7).
El Argentinazo abrió una época de lucha por el poder. Por ahora se cuestiona el poder con puebladas y cortes de rutas pero en el futuro se puede ir hacia un combate decidido por el poder político. La única vía para alcanzarlo es la guerra revolucionaria popular, que en nuestro país es posible que tenga formas marcadamente insurreccionales urbanas. Así lo hacen prever su historia de luchas, el desarrollo desigual de la economía nacional y la acumulación del 80 por ciento de la población en áreas urbanas.
Para la victoria, la estrategia de poder reclama de las tres "varitas mágicas" enumeradas por Mao Tsé tung: el partido marxista-leninista de la clase obrera, el frente único antiimperialista y el ejército del pueblo. El núcleo de ese partido revolucionario en Argentina es el Partido de la Liberación pero aún debe insertarse en mucha mayor medida entre las masas populares, aprender de éstas y dirigir sus luchas para poder convertirse en un estado mayor real de la clase obrera. Su política frentista es unir a los revolucionarios, no sólo a los marxista-leninistas sino también a los provenientes del nacionalismo popular, las corrientes tercermundistas de la iglesia y los independientes de izquierda. Tal núcleo debe ser la base de un más amplio frente de liberación nacional y social.
Estamos convencidos de que esas organizaciones políticas, bajo la orientación del Partido, sabrán impulsar la autodefensa de masas como embrión del futuro ejército popular.
Justamente lo que ocurre de unos años a esta parte en la autodefensa de masas, ofrece una buena base para desplegar una estrategia de poder. La autodefensa es el puente entre la táctica y la estrategia.
Los piqueteros de General Mosconi (Salta) han cortado rutas nacionales durante semanas enteras, instalando sus piquetes en cercanías de las refinerías de combustible. Ellos enfrentaron a la Gendarmería con hondas, piedras y algunas armas de fuego; han atacado en masa a comisarías y tomado como rehenes al comisario y varios efectivos, saqueando el depósito judicial de armas de la ciudad de Tartagal. De esos combates surgieron decenas de enseñanzas muy valiosas.
Durante el Argentinazo, los militantes populares desgastaron y contragolpearon a las fuerzas policiales. A los policías aislados los desarmaron y golpearon. Según versiones parlamentarias, el jefe de la Policía Federal habría admitido que su institución sufrió varias bajas en esa oportunidad. (Nota 8). Hubo barrios enteros del conurbano bonaerense donde la policía no entraba a pie ni en patrulleros, tras haber sido atacados e incendiados algunos de sus móviles.
Los productores tamberos en su plan de lucha de marzo último adoptaron algunas formas virtualmente "guerrilleras". Reclamando un aumento del precio del litro de leche pagado por las empresas lácteas, no sólo sitiaron las plantas pasteurizadoras de los monopolistas (La Serenísima-Danone, Molfino, Parmalat, Sancor, etc) sino que en la provincia de Córdoba interceptaron camiones con quesos y productos lácteos, secuestraron los vehículos y los llevaron a villas de emergencia donde repartieron completamente esa carga entre los hambrientos.
Los cortes de rutas han sido otra forma de disputar embrionariamente el poder, por parte de las organizaciones de trabajadores y desocupados, en la medida que impusieron un cierto control de la economía, del tránsito de cargas y –lo que es más importante- del mismo territorio. "Las rutas son las venas y arterias del sistema capitalista; por eso les cortamos las rutas hasta que nos den puestos de trabajo genuino", dijeron los piqueteros de Chaco.
Los "escraches" a legisladores, jueces, ministros, empresarios y ex represores fueron vistos con máxima alarma por el gobierno. Las autoridades temen "perder el monopolio de la fuerza" y que ese ejercicio de violencia de masas pase a un nuevo nivel. Se preguntan, angustiadas, "¿cuánto falta para que en vez de una piedra o una patada aparezcan las armas?".
El surgimiento tanto de los movimientos de piqueteros como las asambleas barriales fueron otros datos favorables a la perspectiva de un nuevo poder. Estos fueron fenómenos muy positivos, donde las masas participan, discuten y toman resoluciones, organizando cortes de rutas o manifestaciones, sobre todo a Plaza de Mayo. De todos modos en abril de 2002 no se pueden caracterizar como "órganos de un doble poder" ni menos aún como "soviets". Es más, su rol positivo puede ser esterilizado si la izquierda reformista y el democratismo burgués (CTA-Frenapo) llegaran a establecer su dirección permanente sobre esas organizaciones. El Argentinazo no fue una revolución sino un levantamiento preinsurreccional.
El rumbo político e ideológico de esos ámbitos de masas aún sigue abierto a la disputa por los revolucionarios. Es deber de la izquierda revolucionaria pelear por la dirección de esos movimientos y sumarlos a una estrategia para la toma del poder. Tener éxito en la acumulación revolucionaria de fuerzas será decisivo para el desemboque de la crisis argentina. Siempre hemos sostenido que se podía pasar de una situación prerrrevolucionaria a una revolucionaria sin que fuera condición sine qua non la construcción o existencia del partido del proletariado. Hoy mismo pueden darse nuevos Argentinazos sin que se solucione previamente la cuestión de la dirección revolucionaria.
Pero del mismo modo, también decimos que sin la construcción de esa organización revolucionaria -y en general de las mencionadas "tres varitas mágicas"- la situación actual no puede desembocar en una revolución de liberación nacional y social.
En síntesis: nuevos Argentinazos para madurar la situación revolucionaria; disputa política de las organizaciones de masas nuevas y viejas por parte del Partido y corrientes aliadas, y búsqueda de una vía revolucionaria hacia el poder, evitando los errores "foquistas" de los ´70. Esta es la política esencial del PL de Argentina, que se basa en sus propias fuerzas y busca extenderse en el seno del movimiento obrero y popular, creciendo en medio de la lucha de clases. Esta política necesita de la solidaridad de los pueblos de América Latina y el resto del mundo, porque enfrenta a enemigos muy poderosos como la oligarquía y el imperialismo, tan criminales que durante la pasada dictadura no vacilaron en asesinar y hacer desaparecer a 30 mil militantes populares.
Esa solidaridad es importante porque la crisis argentina está llegando a sus instancias decisivas. Al margen de las salidas intermedias o burguesas, dará lugar a una alternativa oligárquica-militar recalcitrante o bien al desarrollo de un proceso revolucionario popular.
SERGIO ORTIZ
Secretario General del PL
(1) El nivel de pobreza para una familia tipo (matrimonio y dos hijos), está fijada oficialmente por el INDEC en 480 pesos, que al cambio actual de 1 dólar igual a 3 pesos, significan 160 dólares. El costo de la canasta familiar para esa misma familia es de 2.059 pesos, o sea unos 700 dólares.
(2) Se llama "escrache" a la movilización popular realizada frente al domicilio, lugar de trabajo u oficinas de un determinado político, al que se lo abuchea, se arrojan huevos o bombitas de pintura, se hacen sonar las cacerolas y a veces se llega a golpear a los políticos.
(3) El "corralito" bancario fue establecido a partir del 3 de diciembre de 2001 por el gobierno de De la Rúa y Cavallo. Quedaron encerrados todos los depósitos bancarios, cuentas corrientes y cuentas sueldos, no permitiendo más que un retiro semanal de 300 pesos. Posteriormente se liberaron las cuentas sueldos pero el resto de los depósitos quedó de hecho confiscado, reprogramándose los vencimientos de los de más de 50 mil dólares para el año 2005. Se obligó a sus titulares a convertir esos dólares a pesos, a un cambio de 1,40 pesos por dólar, cuando el precio del billete estadounidense subió a 3 y hasta 4 pesos.
(4) El Frenapo y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) impulsaron esa línea democratista burguesa y electoralista, opuesta al Argentinazo. Esas organizaciones están hegemonizadas por el Banco Credicoop y la burguesía nacional; el Partido Comunista participa tanto de la CTA como del Frenapo, la mayoría de cuyos integrantes apoyó al principio al gobierno de la Alianza. Los luchadores criticaron al Frenapo y dijeron que éste "contaba los votos" de la consulta mientras el pueblo "contaba los muertos en Plaza de Mayo".
(5) Algunos partidos de izquierda, como el PCR, hacen desde dos décadas atrás la propaganda de la corriente nacionalista oligárquica militar como si fuera popular y la considera decisiva para un nuevo Argentinazo. El PCR elogió antes al fascista Aldo Rico y ahora sigue apoyando al detenido ex coronel Mohamed Alí Seineldín, de esa misma corriente derechista. No les importa que este militar y su vocero "Tiempo Militar" estén alentando un golpe de Estado.
(6) Entre otras circunstancias favorables a una solución revolucionaria está la maduración política del pueblo, como ya se mencionó al hablar de que las mayorías están de acuerdo en repudiar la deuda externa. También debe mencionarse la profunda huella dejada por la guerra anticolonialista por Malvinas, en 1982. Ese fue un gran aprendizaje de las amplias masas respecto a quiénes son nuestros amigos (los pueblos latinoamericanos, del Tercer mundo y los países socialistas) y quiénes son nuestros enemigos (todas las potencias imperialistas, sobre todo la alianza anglo-estadounidense).
(7) La quiebra y vaciamiento de Argentina se evidencia en la deuda externa, que provocó la sangría de recursos y dejó un mayor endeudamiento. Por ejemplo, entre 1991 y 1997 se pagaron 57 mil millones de dólares de capital e intereses, pero en vez de disminuir, en ese mismo lapso la cuenta aumentó en 63 mil millones. En este momento el país está en default por una deuda pública de 147 mil millones de dólares pero sin los beneficios de esa quiebra, ya que el presupuesto 2002 mantuvo la decisión de pagar 6 mil millones de pesos de intereses al FMI, Banco Mundial y Club de París. El PL plantea "Ni un dólar al FMI; plata para educación y salud no para la deuda".
(8) El comisario Raúl Giacomino habría manifestado a una comisión de Diputados que en las jornadas de diciembre de 2001 la Policía Federal tuvo 7 efectivos muertos a manos de los manifestantes (dos por heridas de armas de fuego y el resto por puñaladas), otros 20 habrían sido desarmados por los manifestantes y aproximadamente 100 fueron heridos. Estos datos, que no fueron publicados ni reconocidos oficialmente, parecen realistas, a diferencia del informe de la secretaría de Seguridad del ministerio del Interior, referido a la represión a los piqueteros de General Mosconi en junio de 2001. En esa oportunidad el gobierno aseguró que los piqueteros habían tendido una emboscada a los gendarmes, hiriendo de bala a 23 efectivos, pero ante la televisión sólo mostró a uno. Ese día murieron dos piqueteros y hubo decenas de heridos.