Democracia del libre mercado
Anatol Verbin
Partido Comunista Obrero de Rusia
Contribución al Seminario Comunista Internacional "Imperialismo,
Fascistización y Fascismo" Bruselas, 2 - 4 de mayo 2000
Se han planteado muchas razones (históricas, sociológicas, sicológicas,
etc.) para explicar el surgimiento del fascismo. Para el análisis marxista,
es obvio que el fascismo y los regímenes fascistas son manifestaciones
de la crisis en el capitalismo. Esa tesis ha sido demostrada de manera convincente
por uno de los mejores economistas del siglo XX, K. Polanyi, quién no forma
parte de la tendencia marxista en las ciencias económicas. A su parecer,
el fascismo es ´ la respuesta al punto muerto al que llegó el
capitalismo liberal ª en las primeras décadas del siglo XX. Según
K. Polanyi, el fascismo, igual que el socialismo, tiene sus raíces en la
sociedad del mercado, que se niega a funcionar. Pero, a diferencia del comunismo,
la respuesta fascista implica una ´ reforma de la economía del
mercado, llevado a cabo a costa de la eliminación de todas las instituciones
democráticas tanto en la industria como en la esfera política. ª
(K. Polanyi. The great Transformation. Beacon Press, Boston, 1957 (1944):237).
Dicha explicación concuerda con la evolución de los regímenes fascistas a nivel mundial, inicios del siglo veinte. Entre el 1917 y el 1925, los gobiernos buscaron solamente de vez en cuando la ayuda de los fascistas para restituir "la ley y la orden": no se necesitó más para hacer funcionar el sistema del mercado. Por lo tanto, no se desarrolló mucho el fascismo. En la época entre el 1925 y el 1929, cuando la reparación del sistema del mercado pareció asegurada, el fascismo desapareció como fuerza poderosa. Sin embargo, después del 1930, cuando la depresión económica turbó el mundo capitalista y el sistema del mercado entró en una crisis generalizada, el fascismo fue recuperado por los jefes de la economía occidental, y dentro de unos años se convirtió en una fuerza poderosa.
Ya que nuestro objetivo no es presentar más ejemplos que demuestren el carácter criminal de los regímenes fascistas, sino dar nuestra opinión sobre la situación social, económica y política actual en el mundo, nos parece lógico hacer una reseña de las apreciaciones pertinentes del orden social y económico actual. El análisis del fascismo desde el punto de vista de los anti-comunistas busca ponerlo al mismo nivel del régimen nazi, y fulmina contra las atrocidades cometidas por él, cerrando los ojos a los crímenes cometidos por los regímenes fascistas de Italia, Japón y otros países. De esta manera, se les hace muy fácil promover la democracia del libre mercado como la última revelación de Dios y representarla como el futuro paraíso. Sin embargo, esta representación, que viene a la defensa de la democracia occidental contemporánea, curiosamente falta a reconocer que las sociedades occidentales han estado predicando la democracia, pero que han asegurado un buen nivel de vida únicamente para sus propios pueblos como lo dijo adecuadamente P. Sartre en su prefacio para el libro "Los parias de este mundo" de Franz Fanon -, a costo de los países coloniales, que han sido explotados de manera feroz. Después, ágilmente transformaron sus reservas coloniales en el Tercer Mundo, y ahora, eufemísticamente se llaman "países en vías de desarrollo", que, con eso y todo, no han logrado desarrollarse durante más que medio siglo.
Hoy en día, diez años después de la caída del muro de Berlín y de la presunta restitución de la democracia auténtica en casi todo el mundo, a diferencia de las profecías demasiadas optimistas de un desarrollo económico en los países anteriormente socialistas y en todo el mundo, la situación económica y, por ello, las condiciones sociales se han deteriorado considerablemente en todo el globo. Hoy en día, los países que salieron del antiguo campo socialista se encuentran en una situación de destrucción y de deterioro social y económico. Japón, enormes zonas de la Asia del sudeste y América Latina siguen en una crisis aplastadora. Mientras, de acuerdo con los comunicados confiados de Bill Clinton, la economía estadunidense "está creciendo a pasos acelerados", su llamada máquina de empleo genera empleos que se pagan menos bien que los empleos en los exitosos años 50 y 60, haciendo trabajar a los estadunidenses más horas por menos dinero; al mismo tiempo, Robert Lawrence del Consejo de Asesores Económicos señala que algunos sectores de la fabricación y de la agricultura se acercan más bien a una recesión (The Economist, 23.10.99:67).
Todo indica que el sistema capitalista llegó de nuevo al punto de dejar de funcionar. Sabemos que el último momento crítico parecido, en el 1929, fue superado con éxito debido a la devastación enorme de la Segunda Guerra Mundial y a la aplicación de la economía según Keynes (bajo influencia del ejemplo de la poderosa economía socialista). Ahora que, desafortunadamente, el ejemplo socialista ha sido sacrificado, los jefes del mundo capitalista recurren exclusivamente a métodos reaccionarios para resolver sus problemas. La Revolución Conservadora, iniciada finales de los años 70 y en los 80, cuando aparecieron los primeros señales de debilidad en el socialismo, se está llevando a cabo en todos los países industrializados avanzados. En estos momentos, se introducen cada vez más elementos antidemocráticos en las formas de gobierno, tanto a nivel hogareño como a nivel internacional, a través de supuestos procedimientos democráticos (los programas de ajuste del FMI para países con economías débiles: programas de ayuda económica a los países pobres, otorgados bajo determinadas condiciones que restringen la soberanía nacional y que abren estos países al saqueo de las empresas multinacionales). En los países industrializados avanzados existe una tendencia similar. Hay una expansión marcada de convenios de libre comercio, que reemplazan los acuerdos democráticos. Paralelamente, la democracia sufre una erosión notable.
Los autores de un libro que se publicará próximamente (What is Troubling the Trilateral Democracies?) y que ha sido reseñado recientemente en The Economist, perciben un deterioro de los procedimientos y de las actitudes democráticos en todas las "democracias maduras". Indicios son la desconfianza de los ciudadanos hacia los políticos corruptos y hacia las instituciones democráticas, la creencia generalizada de que "el gobierno está en manos de unos cuantos grandes intereses que no más cuidan de ellos mismos" etc., y por lo tanto, hay una disminución constante del interés electoral.
Desafortunadamente, las atrocidades cometidas por los regímenes fascistas de los 1930 y 1940, y que han sido criticadas tantas veces por los campeones de la democracia occidental, no son cosas del pasado. Claro, hoy no se aplica la violencia bruta y directa en contra de quiénes se resisten a perder los derechos democráticos que son el resultado de largas luchas sociales del pasado. No existen los campos de concentración administrados por democracias occidentales. Sin embargo, siguen existiendo las decenas de millones de muertos en el Tercer Mundo, a consecuencia del hambre o de enfermedades curables; Todo eso porque el Primer Mundo impone un modelo económico, buscando exclusivamente el propio beneficio. Hay millones de víctimas del SIDA en los países del Tercer Mundo, incapaces de comprar las medicinas exageradamente caras, y sin la posibilidad de producir medicinas económicas, debido a las restricciones impuestas por el Primer Mundo, que teme perder algo de sus ganancias desmesuradas. Hay millones de inválidos por la contaminación en los países del Tercer Mundo, ocasionada por las empresas del Primer Mundo, en su esfuerzo "natural" de reducir los gastos de producción y de volverse más competitivo. Hay millones de mujeres que desperdician su vida trabajando 12 hasta 15 horas por día bajo condiciones infrahumanas en las máquilas de la Asia sudeste. Ganan menos que un dólar por día, un "sueldo" que representa menos que el 5% del precio de la ropa que están fabricando ni más ni menos que una forma contemporánea de esclavitud. Hay millones de gente en el Tercer Mundo que se ven obligados a vender sus órganos es decir a mutilar sus propios cuerpos por el simple hecho de que las condiciones económicas impuestas por el Primer Mundo se les hace imposible vender su trabajo en un precio que al menos permita sobrevivir. Hay millones de niños contratados como trabajadores sexuales al beneficio de las industrias del turismo del sexo, en manos del Primer Mundo.
El efecto cuantitativo de este mecanismo tan eficaz para degradar y desperdiciar a los humanos, ha rebasado desde hace mucho tiempo las cantidades logradas por el Fascismo en la eliminación de los judíos, los gitanos y los comunistas. Además, esta máquina diabólica, a diferencia del fascismo precedente, sigue funcionando, dejando cada año sus huellas: millones de muertos y la devastación del medio ambiente. Todo eso no se comete a través de una presión bruta y directa, sino a través de fuerzas anónimas del mercado liberal. Pero cuando la gente se niega a aceptar ese "ley y orden" del Primer Mundo, el lenguaje del Primer Mundo los califica inmediatamente como terroristas, y naciones enteras son degradadas como estados totalitarios, malvados, etc., convirtiéndose en víctimas fáciles del único poder supremo y sus aliados.
Y como si esta destrucción no fuera suficiente, los promotores del neo-liberalismo, que hacen la guerra en contra de la humanidad y los recursos humanos, siguen buscando posibilidades para perfeccionar sus técnicas y sus resultados. Intentan apoderarse de la soberanía de las naciones. A través de los llamados acuerdos internacionales no obstante que gran parte de los países participa solamente de manera formal, debido a su debilidad económica y su dependencia política de los pocos países industrializados avanzados -, el verdadero poder se traslada de las autoridades nominalmente elegidas a los cuerpos "internacionales" que representan los intereses gremiales del gobierno "de facto", que nunca ha sido elegido, bajo capa del FMI, del Banco Mundial, del OMC y del G-7. Hoy en día, esta evolución está aceptada a tal grado que le situación anterior, en la que los gobiernos nacionales fueron considerados como entidades de suficiente autonomía para perseguir objetivos nacionales, ahora se percibe como "desesperadamente trasnochado" (G. Epstein. "International Capital Mobility" en: R. Boyer y D. Drache (eds.) States Against Markets, Routledge, London y Nueva York, 1996: 211). Al mismo tiempo, a algunos autores les parece conveniente hablar de estados posnacionales o possoberanos. Por estas razones exactamente, se plantearan el AMI y la llamada round del milenio del OMC: para quitar barreras a diferentes industrias esenciales; la asistencia médica, la educación, los bancos, los seguros es decir, los sectores que todavía están bajo el control gubernamental de los Estados. De esta manera, quitarán a los gobiernos nacionales los últimos vestigios de la independencia nacional y de la capacidad de administrar su propio desarrollo económico y social.
En el caso de los pseudo-democracias, no hacen falta los campeones del humanismo, como Bill Clinton y Jacques Chirac, quiénes hacen discursos sobre la necesidad de darle una cara humana a la economía global, mientras que el genocidio anónimo sigue ejecutándose en nombre de las ganancias de los pocos bendecidos de la economía global; mientras que las libertades y los derechos democráticos sufren una erosión fuerte por el progreso agresivo de los acuerdos de libre comercio. Bajo estas circunstancias, la tarea de todos que estamos buscando una democracia auténtica es ayudar a formar un frente unido en contra de los intereses gremiales del gran comercio de los trasnacionales. Los gérmenes han sido muy visible in Seatle.