Las zonas francas o maquiladoras en la intensificación de la explotación del trabajo

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Con el desarrollo de las ciencias y las nuevas tecnologías y la internacionalización del capital financiero algunos teóricos del sistema confiaron en que la explotación del trabajo en el imperialismo, como fase superior del capitalismo, se realizaría sobre la base de la sustitución de la clásica apropiación de la plusvalía por la aplicación de la cibernética y la robótica , y en consecuencia se crearon la ilusión de que los nuevos proletarios, con altos coeficientes de inteligencia y bien educados, premiados por el Estado bienestar, eternizarían el capitalismo y llegaríamos al fin de la historia.

Sin embargo, aunque se utiliza la cibernética y la robótica en la producción industrial más sofisticada, (producción de medios de producción) en los países más ricos y desarrollados, allí también la eficientización en la producción presionada por el capital financiero golpea a la clase obrera europea, nipona o americana y el fantasma de las "ventajas comparativas" recorre el mundo.

Al mismo tiempo, para la producción de manufacturas, se desarrolla la estrategia lanzada en las zonas francas o maquiladoras extendidas por todo el mundo bajo el control de los siete grandes y algunos de los llamados tígueres asiáticos, pero con los Estados Unidos a la cabeza, país que apenas produce en su territorio el 18% de las manufacturas que consume. La estrategia ha sido la de implantar y expandir procesos de producción y revalorización del capital, basado en el incremento del número de trabajadores por un lado y por el otro una disminución del capital fijo pagando salarios extremadamente bajos y usando maquinarias simples. Se trata de las llamados economías de punta.

En esas circunstancias, la subida de las ventas, manejos de divisas y ganancias de las industrias maquiladoras se basa entonces en la apropiación masiva de la plusvalía como nunca antes con la caída del salario real para la clase obrera en condiciones de una mayor intensificación de la jornada de trabajo, disciplina de trabajo y de gerencia administrativa.

En la República Dominicana, en el período comprendido entre agosto de 1990 y diciembre de 1994, las zonas francas declararon un ascenso del valor agregado de 2.5% a 3.8% del Producto Interno Bruto y de 13.9% al 20.5% en el Producto Interno Bruto manufacturero. Afirman que han generado divisas del 20.75 al 63% del del valor de las exportaciones, del 15 al 20% de los ingresos por servicio y del 10% al 18% del valor de las importaciones. Todo un éxito empresarial.

Sólo el valor de la fuerza de trabajo se desploma de manera significativa ya que el salario mínimo legal por mes se contrae (a precios de 1987) de 68 pesos con 20 centavos en 1989 a 58 pesos en 1994 con una reducción absoluta de 10 pesos con 20 centavos y relativa de casi un 15%. Este salario significa el 17% del costo de la canasta de consumo de bienes y servicios vitales de una familia residente en Santo Domingo.

Estas operaciones de revalorización del capital a base de la disminución del salario para la realización de la cuota media de beneficios, determinó la presencia significativa de nuevas empresas que crecieron de 220 a 476 y el número de trabajadores de 122,946 a 163,974 en el período estudiado de 1989 a 1994. Hoy día, abril de 1998, se calculan 180,000 los obreros de zona franca.

Estas ventajas comparativas de apropiar grandes márgenes de ganancias a partir de la plusvalía que genera una mano de obra barata, materias primas abundantes, exenciones fiscales estatales, transporte, almacenamiento y comunicación adecuada hace de la República Dominicana un centro de relocalización para la producción de empresas capitalistas. Lo mismo ocurre con otros países subdesarrollados que compiten entre sí ofertando cada quien la mano de obra más barata y los premios estatales de la eliminación de impuestos y la devaluación de las monedas locales.

Esta modalidad de la intensificación del trabajo no tiene nada que ver como dicen sus apologistas de razones de ciclo de producción, de producción flexible o de división internacional del trabajo, sino de la implantación de un sistema de producción y comercialización de manufacturas, que arroja altos coeficientes de rentabilidad gracias a la contracción de costos por la intervención estatal, salarios bajos y seguridad de mercados por negociaciones internacionales. El capital fijo se reduce notablemente y cada dólar que invierten en la producción se multiplica por 15 vía una alta tasa cambiaria..

La diferencia entre la tarifa salarial legal mínima de la gran empresa nacional y la zona franca significa una pérdida de capacidad de consumo anual de nuestros trabajadores de unos 586 millones y de disminución de entradas al Estado de 46 millones de dólares.

En 1998 se calculan en 189 mil los trabajadores en zona franca.

La cuestión es que la competencia de las empresas de zona franca con las empresas nacionales se intensifica con la autorización presidencial para que por un lado puedan comercializar la producción en el mercado interno y por el otro porque han sido autorizados a participar en el TLC Centroamericano sin restricción alguna.

 

Represión: ningún derecho a la organización sindical y la creación de las listas negras

 

Como en toda contradicción, toda acción produce una reacción. Los obreros de zona franca, apesar de su juventud como clase y baja conciencia se ve impulsada a participar en la primera forma de la lucha de clase, la lucha económica o sindical. Empero la represión patronal es dura. No se permite la libertad sindical a pesar de la vigencia de una Ley del Trabajo que contempla la libertad sindical, el derecho al pacto colectivo y la inamovilidad sindical de por los menos cinco dirigentes por cada sindicato. Sencillamente en zona franca no se permite el sindicato y la policía local actúa reforzando esta violación a la Ley dominicana. Los activistas sindicales son cancelados de inmediato y sus nombres inscritos en listas negras, lo cual significa que no encontrarán empleo en ninguna de las 486 empresas diseminadas en el país.

Como algo excepcional la Central Nacional de Trabajadores Dominicanos dirigida por Mariano Negrón y afiliada a la AFL-CIO tiene derecho a formar sindicatos en la Zona Franca de Haina, específicamente en una pequeña planta de la Westinghows. Esos sindicatos, desde luego, son amarillos y solo llegan hasta donde indica la AFL-CIO y el agregado laboral de la embajada de los Estados Unidos.

En algunas zonas francas, como las de San Pedro de Macorís, Barahona, Bonao y Baní se han formado sindicatos pero se organizan en la clandestinidad. Las centrales obreras controladas por la socialdemocracia, CTU y CGT y la democracia cristianas, CASC, tienen "sindicatos de zona franca", una especie de federación, controlada por la burocracia sindical, que se presentan asímismas como representativas pero en verdad no tienen bases por cuanto no organizan sindicatos por empresas.

Ejecutando un plan estratégico de trabajo, el Partido Comunista (Marxista-leninista) ha emprendido una campaña de formación de sindicatos por empresa para luego organizar federaciones y una verdadera central de trabajadores que responda a los intereses de la clase obrera y no de la burguesía.

El Movimiento Sindical 1ro. de Mayo tiene la misión de cumplir con este objetivo. Sus consignas básicas son la lucha por el derecho efectivo a la sindicación, la firma de pactos colectivos, horario de trabajo efectivo de 8 horas y horas extras opcional, turnos de trabajo fijos, igual salario por igual trabajo para defender a la mujer trabajadora, denuncia al acoso sexual e indexación del salario mínimo normado por los índices de inflación.

Pero también denuncia constantemente a la burocracia sindical pro-norteamericana prohijada por la AFL-CIO; la democristiana ñCASC- prohijada por la Fundación Konral Adenauer y la CTU controlada por la socialdemocracia europea y financiada por la Fundación Frederik Ever.

Desde luego que trabajamos en los sindicatos reaccionarios o amarillos. A modo de ejemplo, el secretario general del Partido Comunista (Marxista-leninista), periodista de profesión, ha sido dirigente nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y desde esta posición hemos influenciado en otros sindicatos. El Sindicato de Trabajadores de la Codal ñSITRACODAL- y la seccional del S.N.T.P. en San Pedro de Macorís han trabajado en estrecha relación con el Movimiento Obrero 1ro. de Mayo y el camarada Leopoldo Grullón.

Saludamos este gran evento-Seminario Comunista Internacional- esperando que al sumar todas nuestras experiencias podamos impulsar la lucha económica o sindical de la clase obrera como parte importantísima de la lucha de clase y unida a la lucha política, por el poder político, derroquemos al capital del poder marchando por la revolución política y la revolución social.